Un Tour de France cruzado por la agricultura

Infinidad de lotes con cultivos pegados a los pueblos y ciudades que atraviesa la carrera, con las huellas de las pulverizadoras terrestres.

Seguir el desarrollo del Tour de France cada año, es un hermoso reality de la agricultura francesa.

En efecto, ver cualquier video resumen de cada etapa diaria es suficiente para disfrutar como telón de fondo las postales más bellas de la campiña francesa en el mejor momento del año. Sol, cielo diáfano y los colores de los cultivos en todo su esplendor, girasoles y colzas florecidas, trigos espigados, viñas explotadando de verde y la fotosíntesis aprovechando el corto verano europeo.

La carrera ocupa casi todo el mes de julio (del 6 al 28, con 21 etapas y solo dos días de descanso) y es un auténtico hecho social y cultural que ocupa los portales y primeras planas de todos los medios del país y de Europa en general.

La repercusión de los eventos de la carrera es fenomenal y no se quedan atrás los eventos relacionados o subsidiarios al Tour.

Caja de resonancia para los agricultores

Semejante caja de resonancia no es desperdiciada a la hora de aprovecharlo como canal de comunicación por cualquiera que tenga ganas y actitud de comunicar.

Eso es lo que viene haciendo desde hace 11 años la Federación Nacional de Sindicatos de Agricultores (Fnsea), la principal gremial agrícola francesa, que reúne a todas las producciones de todas las regiones.

En efecto, por onceavo año consecutivo, la Fnsea organiza la campaña «Les Agris aiment le Tour» (Los agricultores aman el Tour) que este año moviliza unas quince federaciones departamentales para preparar varias intervenciones a campo a modo de gigantografías hechas con fardos, rollos, tractores, herramientas, etcétera.

Las tomas desde las decenas de drones que sobrevuelan la ruta siguiendo la carrera, llevan a las audiencias el mensaje de los “terroirs” puestos en valor por los agricultores franceses. Para esta 106ª edición del Tour de Francia, el tema de las gigantografías son las remeras amarillas para celebrar el centenario de su creación.

Además desde la web de la Fnsea y en las redes sociales se accede a  votar las imágenes favoritas y al final del Tour un sorteo designará un ganador entre todos los participantes.

“No” a los tratados

Un poco menos bucólicas han sido las múltiples protestas de los agricultores contra dos tratados que los inquietan y preocupan sobremanera. Por un lado el reciente tratado Unión Europea–Mercosur que si bien aún está muy lejos en el tiempo de entrar en funcionamiento, podría ser lapidario para la competencia de los productos del agro subsidiado francés comparados con los competitivos productores sudamericanos, acostumbrados a sobrevivir y crecer sin subsidios y hasta con pesadas cargas fiscales, como sucede en Argentina, con impuesto a las exportaciones incluidas.

Pero no es esa la única preocupación de los agricultores franceses ya que en estos días se está poniendo en marcha la ratificación parlamentaria -y por lo tanto se encuentra cerca de generar efectos reales- el CETA (Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá)

“El balance del CETA es positivo”, declaró Macron junto el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, en junio pasado, al término de una entrevista entre ambos en París. El presidente francés insistió en que no se han materializado los desequilibrios que algunos anticipaban, en particular en el sector agrícola y con las importaciones de carne canadiense. Aseguró que el CETA “es compatible” con la preservación de las normas sociales y sanitarias en Europa. “Suscitó temores” -argumentó- pero el “trabajo ejemplar” que han llevado a cabo Canadá y Francia para clarificar algunos puntos “ha permitido levantar malentendidos”. Por lo tanto ese tratado avanza y exacerba la bronca de los agricultores galos. ¿Podrá ser la instrumentación del CETA un preludio y antecedente a tener en cuenta para el acuerdo con nuestro Mercosur?

Pero mientras tanto, ¿adivinen dónde se expresa el malestar de las gremiales francesas? Sí ¡correcto! El Tour es un buen lugar. Al momento de escribir esta nota aún no llegó al extremo del piquete que hicieron en la edición del año pasado, que incluyó una etapa del Tour parada varios minutos, gases lacrimógenos y palos y hasta algunos competidores lesionados, pero todavía faltan 10 días para el final y no todo el repertorio de la protesta agraria estaría desplegado. Mientras tanto en cada oportunidad de salida o llegada de las etapas de las regiones más agrícolas, los carteles de protesta no se ocultan.

Por último, hay un mensaje que se lee a lo largo del Tour aunque en este caso no es un mensaje adrede sino las huellas de una práctica que parece que en Europa se puede hacer pero aquí está fuerte e injustamente cuestionada y cada vez más comprometida. Si prestan atención a las fotos del Tour van a ver infinidad de lotes con cultivos pegados a los pueblos y ciudades que atraviesa la carrera con la huellas de las pulverizadoras terrestres (1).

Teniendo en cuenta que muchos de los cuestionamiento de las aplicaciones periurbanas y de las aplicaciones y uso de fitosanitarios en general están fogoneadas por las implacables ONGs ambientalistas europeas, no deja de llamar la atención este mensaje del Tour que parecería hablar de un doble estándar notable. Mientras tanto a disfrutar el Tour y prestar atención a todo lo que tiene para contarnos del agro francés.

 (1).Gracias al ingeniero Hector Huergo por marcarme y hacerme notar en varias ocasiones estas evidencias.      

 

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