Transformaciones del agro argentino

La implementación a finales del siglo XX de nuevas tecnologías aplicadas al agro produjo una revolución en el sector agrícola a nivel mundial y en la Argentina en particular. Así, la implementación de la siembra directa, la utilización de semillas transgénicas en el sector agrícola de la pampa húmeda o el desarrollo de herramientas de precisión, son solo algunos de los cambios más significativos que se dieron en las últimas décadas. Esto implicó cambios en la estructura de la propiedad, en las formas de organización del trabajo y en las relaciones sociales en el sector agrario.

Estas transformaciones fueron impulsadas por nuevos agentes, viejos actores reconvertidos en nuevos sujetos, o por nuevos sujetos sin pasado vinculado a la producción agrícola. Los “nuevos” comenzaron a invertir en maquinarias y procesos productivos que hicieron más eficiente la actividad generando una revolución en todo el sector.

Tanto la industria de maquinaria agrícola, como la industria de semillas y el campo de los plaguicidas y agroquímicos tienen un importante desarrollo en este período y ocupan un papel central en el crecimiento de la producción y la productividad. Estos procesos implicaron no sólo un aumento de la productividad, sino también un incremento del área dedicada a agricultura, en lo que se dio en llamar el proceso de “agriculturización” del agro pampeano. En cuanto a la estructura social agraria y la tenencia de la tierra en este período, parece haber acuerdo en torno al proceso en el cual desde fines de los ´60, a las figuras clásicas de arrendatarios y terratenientes se suma el desarrollo de nuevas relaciones en el agro que aparecen encarnadas en el arrendatario contratista. De hecho, en el período no hay grandes cambios en la tenencia de la tierra, sino en las formas de control de la misma.

Desde luego que los factores climáticos siguen siendo el mayor condicionante (téngase en cuenta lo ocurrido en la última campaña, consecuencia de la fuerte sequía soportada por la región núcleo) y allí si bien no hay soluciones definitivas sí se han mejorado mucho las estimaciones a partir de un estudio más sistemático de la evolución climatológica.

Lo cierto es que hoy resultan comunes conceptos vinculados a las nuevas tecnologías, impensadas 20 años atrás, tales como la Internet de las Cosas y la Nube, que son aliados estratégicos para mejorar la productividad y anticiparse a catástrofes climáticas; los dispositivos móviles, que permiten medir la temperatura ambiente, la humedad, la presión atmosférica, entre otras variables, para transmitir esos datos a los sistemas de riego y climatización o los sistemas de riego inteligentes. También soluciones novedosas como una aplicación que mediante la lectura de imágenes aéreas tomadas desde un dron o un satélite obtiene información para aplicar la dosis justa de fertilizantes; otra aplicación argentina desarrollada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que permite obtener de manera libre y gratuita datos sobre el clima, la topografía, los suelos y el estado del cultivo en una campaña determinada y en cualquier punto del país o aquella otra app que captura los datos del clima del lote e indica en forma inteligente el nivel de evaporación del momento, una variable sumamente importante al encarar una pulverización.

Claro que además de estas aplicaciones que ya están funcionando en los campos argentinos, existen otros como un dron dotado de sensores con capacidad de vuelo autónomo para realizar tareas de monitoreo con técnicas de telecomunicaciones, inteligencia artificial y visión por computadora de última generación y hasta aquellos capaces de realizar pulverizaciones aéreas mediante “cuadrillas” de drones.

La transformación tecnológica en el agro sigue una curva ascendente que tiene cada vez más y mejores ideas para volver más eficiente la producción con el menor uso de recursos posible. Nuestro país ya acompaña esta ola de innovación.

La otra realidad

Es verdad también que este proceso dejó fuera a productores no lo suficientemente capitalizados o de avanzada edad que se vieron compelidos a dejar de producir y cambiar de modo de vivir. En el caso de la región pampeana, el alto grado de automatización ha hecho desaparecer casi por completo el trabajo poco calificado. Sí subsisten condiciones de contratación que combinan formalidad con informalidad, pero los niveles de remuneración hacen discutible utilizar el concepto de precarizado para un maquinista o un tractorista.

Otro factor común a ambos casos es el aumento en las escalas de producción. Esto se debe, por un lado, a los altos niveles de inversión y costos que tiene las nuevas tecnologías y, por otro, al aumento de la productividad ya sea medida por hectárea como por personal ocupado.

De todos modos debe destacarse que poco a poco va en aumento la especialización y calidad del capital humano asociado a la producción agropecuaria, tanto a nivel de individuos como de organizaciones del sector, de la mano de tareas de capacitación tanto del Gobierno como de entidades e instituciones del sector.

Las necesidades del productor agrario argentino, mirando al futuro

“El campo argentino ya no es el mismo que el de los últimos 20 años. El modelo de negocios cambió hacia un modelo de integración vertical donde las alianzas entre empresas serán imprescindibles. Quienes toman las decisiones dentro de las empresas son más jóvenes y con mayor formación académica que las generaciones que los precedieron. Por otro lado, el 70% de los encuestados aseguran que tienen planeado realizar inversiones en el próximo lustro. Todos estos datos relevados constituyen un diagnóstico interesante, un punto de partida válido para comenzar a construir el país que soñamos”. Así se expresó Bernardo Piazzardi, del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, en ocasión de presentar, en noviembre de 2017,  los resultados de la “Encuesta sobre las Necesidades del Productor Agropecuario Argentino” realizada por ese Centro con el apoyo metodológico de la Universidad Purdue (Estados Unidos) con el objetivo de conocer las preferencias de los productores locales a la hora de tomar decisiones de negocios.

la encuesta fue realizada durante los meses de junio y julio del 2017, en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. El área relevada representa el 87% de la producción de soja del país y la representatividad de la muestra es del 95% del universo de productores de esa región. Los que siguen son algunos de los datos más relevantes de la encuesta, y si bien luego de esa fecha en la Argentina se produjeron hechos climáticos y económicos que pueden haber modificado algunas de esas previsiones, en su conjunto sus resultados no pierden validez a la hora de analizar la realidad del sector.

Datos demográficos y características sociales

El 94% de los productores encuestados son hombres, mientras que sólo el 6% son mujeres; todos con una edad promedio de 46 años.

Alrededor del 61% de los productores encuestados tienen al menos un título universitario y un 7% un título de postgrado.

Expectativas para

los próximos cinco

años

La soja es la única actividad sin expectativa de crecimiento. En los cultivos tradicionales (maíz, sorgo, trigo, cebada y girasol) las expectativas tienden al alza.  Los segmentos de productores medianos y comerciales son los que planean un crecimiento mayor al 26%, contra un crecimiento del 8 % de los grandes y un 14,5% de los mega productores.

Convergencia industrial

El agro no queda fuera de este fenómeno. Las nuevas tecnologías le permiten ir más allá de su rol tradicional como fuente de materias primas y fibras para pasar a ser proveedor de otras industrias como la alimenticia / nutrición, farmacéutica, salud/sanitaria y energética.

Inversiones en los próximos cinco años

El 72% de los productores agropecuarios realizarán inversiones, siendo 9 de cada 10 grandes y mega productores.

El 73% planea invertir en maquinaria.

El 27% de los mega productores quiere invertir en biotecnología.

El 64% planea hacer su inversión horizontal autónoma, es decir, aumentar la producción contando con más hectáreas sin socios externos.

Maquinaria y toma de decisiones

El 65% de los productores agropecuarios utiliza maquinaria equipada con instrumentos que le permiten recoger datos (agricultura de precisión), como por ejemplo: rendimiento, humedad, superficie, densidad, pérdida de cosecha, etcétera. Solamente el 51% utiliza esos datos para tomar decisiones. Cabe destacar que el 92% de mega productores toma decisiones a partir de esos datos.

Quienes menos utilizan el equipamiento para la toma de decisiones son los productores más jóvenes (menores a 35 años) y los más grandes (65 o más).

Características del productor agropecuario argentino

• Actitud positiva hacia la incorporación de tecnología.

• Capacidad de asumir riesgos, vocación para la productividad, jóvenes con alto nivel de educación, planes de crecimiento e inversión sólida.

• Desarrolla conocimientos técnicos para la gestión, tiene motivación para innovar y emprender, forma parte de un sistema en red de organización empresaria.

Las carencias

En una investigación desarrollada para el Banco Interamericano de Desarrollo, los profesionales de la Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina  (Ucema) Marcos Gallacher  y Daniel Lema describieron el significativo aumento en la especialización y calidad del capital humano asociado a la producción agropecuaria, tanto a nivel de individuos como de organizaciones del sector. “Es de esperar que esta creciente especialización se profundice en respuesta a una macroeconomía más predecible, y un marco político de mayor confiabilidad. Como dijo alguna vez un importante economista, ‘el grado de especialización depende del tamaño del mercado’, señalaba el informe. Gallacher y Lema opinaban que hay mucho para hacer en relación a mejorar la calidad del management, tanto de empresas de producción primaria como las de otros eslabones de la cadena.

“Por ejemplo –dijeron- una investigación que realizamos en el sector lechero muestra que existen, aún en grupos ‘de punta’ como los pertenecientes a CREA, importantes diferencias en capacidad gerencial y, por lo tanto, eficiencia de producción, costos y rentabilidad. Esta investigación también encuentra que los ‘retornos a escala’, que son de esperar, dependen estrechamente de la calidad del management: solo si el management aumenta proporcionalmente con el resto de los insumos, será posible que mayor volumen de producción resulte en reducciones de costos. Ese mismo estudio afirmaba que el Sistema de Información Estadística (SIE) con el que cuenta el sector agropecuario argentino está muy por debajo de lo que debería ser, dada la importancia del sector. Los trabajos que han sido realizados sobre eficiencia de producción, cambio tecnológico, adopción de tecnologías y otros aspectos, se han basado en general en información parcial, muchas veces generada gracias a “la buena voluntad” del sector privado. “Por ejemplo –indica- las únicas bases de datos relativas a datos microeconómicos, con algún grado de continuidad en el tiempo, son las que generan los empresarios CREA. Las instituciones públicas, que manejan recursos de importante magnitud, están en este sentido seriamente atrasadas”. Abundando en información, los profesionales manifestaron que existen múltiples programas y proyectos dirigidos al sector, a los cuales se asignan recursos de magnitud. “En Argentina el análisis Beneficio/Costo de estos proyectos es prácticamente inexistente, por no decir nulo. Se hacen reportes de ‘acciones tomadas’ pero no del impacto que estas acciones tienen sobre productividad, costos o ingresos netos de hogares. Cuesta decirlo, pero existe poca investigación detallada y cuantitativa en muchos de los importantes problemas de nuestra economía agraria”.

“Sintetizando: las perspectivas de mercados internacionales son hoy menos favorables que las que existían hace algunos años. Sin embargo, la paulatina reducción en barreras al comercio implementada por el nuevo Gobierno, promesas de mayor inversión en infraestructura, y un – aún potencial – mayor interés de inversores extranjeros en el sector agroindustrial, podrían potenciar el crecimiento agropecuario argentino. Existen muchos desafíos y oportunidades para productores, empresas de la cadena agroindustrial y, por supuesto, también para todos aquellos interesados en investigar la economía del complejo sector agropecuario y agroindustrial”.

Adaptación a cambios

Los mismos profesionales publicaron en Infocampo que durante las últimas décadas, cambios en la política económica local, en los mercados internacionales y en la disponibilidad de tecnología, unidos a shocks climáticos de diversa índole, han puesto a prueba la capacidad de adaptación del productor agropecuario.

“Si evaluamos esta capacidad de adaptación a través de incrementos de productividad logrados, el dictamen es favorable: estos son comparables o aún mayores que los observados en importantes productores de países desarrollados. Esta situación contrasta con otros sectores de la economía, donde Argentina presenta un rezago considerable”, señalaron los expertos.

“Identificar los cambios ocurridos y sus determinantes resulta necesario para comprender el funcionamiento del sector. Por ejemplo, en los últimos 20 años la producción aviar se casi triplicó, mientras que la ganadera se estancó: en 1980 se producían unos 10 kg de carne vacuna por cada kg de carne aviar; en años recientes la diferencia se ha achicado drásticamente, siendo el ratio producción carne vacuna/aviar de sólo 1.5. ¿Qué cambios en la demanda y en la oferta son responsables de lo ocurrido? ¿Por qué el dinamismo que muestra la industria aviar no se verifica en la producción de carne bovina? Si la producción porcina de Argentina goza de condiciones favorables de disponibilidad de alimentos, capacidad gerencial y otros aspectos, ¿por qué seguimos siendo un importador neto de esta carne?”.

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