Propuestas para potenciar la agrobiotecnología argentina

Pionera, innovadora y referente mundial, la biotecnología agrícola argentina podría liberar todo su potencial con tecnologías como la edición de genes y una gestión más coordinada e integral del desarrollo de productos.

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Foto: wordpress.com

La historia de la biotecnología agrícola argentina, es relativamente corta y exitosa. Desde sus inicios a fines de los 80´ fue pionera en adopción de cultivos genéticamente modificados que hoy abarcan casi la totalidad de la superficie cultivada de soja, maíz y algodón.

Al mismo tiempo nuestro país se constituyó en referente mundial del marco regulatorio, tanto para organismos genéticamente modificados (OGM), como para las llamadas nuevas bio-tecnologías (NBT).

A diferencia de los OGMs que incorporan material genético de otra especie, estas nuevas bio-tecnologías incluyen un conjunto de técnicas que generan cambios en el ADN de la propia especie y una de ellas, la edición génica (EG), utiliza enzimas específicas para “cortar, pegar y editar” genes que regulan procesos biológicos con alguna particularidad deseada como por ejemplo la resistencia a alguna enfermedad, la producción de algún componente nutricional o la tolerancia a un herbicida.

La experiencia argentina

En un trabajo recientemente publicado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y funcionarios de la Dirección de Biotecnología, Agustina Whelan, Patricia Gutti y Martín Lema, evaluaron el efecto que ha tenido la experiencia reguladora de Argentina sobre la innovación .

También compararon los casos de productos derivados de la edición de genes y otros NBT que se han presentado al sistema regulatorio, contra los casos de OGM que se han desregulado en el país.

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Aunque preliminar, este análisis sugiere que los productos de edición de genes seguirían una tasa de desarrollo más rápida para llegar desde la investigación hasta el mercado y además sería impulsado por un grupo más diverso de desarrolladores, principalmente por pequeñas y medianas empresas (PYMEs) e instituciones públicas de investigación.

También destacaron que en el perfil de estos productos NBT hay una mayor diversificación en términos de rasgos mejorados y cantidad de especies.

Esto se debe a que la regulación argentina ha tenido el buen criterio de establecer una instancia de análisis preliminar durante la evaluación regulatoria, que analiza los cambios producidos en el ADN para determinar si el producto presentado al regulador es un OGM -que requerirá una batería de monitoreo extenso y costoso- o se trata de una NBT con una evaluación más breve y significativamente más barata.

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Un largo camino por delante

A partir de allí, los OGMs tienen por delante un duro, costoso y prolongado camino que establece un procedimiento dividido en tres pasos:

  • Evaluación ambiental realizada por Comisión Nacional Asesora en Biotecnología Agropecuaria (Conabia),
  • Evaluación de inocuidad por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y
  • Evaluación de su impacto en los mercados agrícolas locales e internacionales.

Para el caso de los No OGM el tratamiento es idéntico a una variedad tradicional y entonces esa instancia preliminar permite que los productos de edición génica avancen mucho más rápido en comparación con los OGM.

Intentando levantar la vista y tomando perspectiva sobre las oportunidades de mejora que pueden potenciar aún más la llegada efectiva de proyectos biotecnológicos, a disposición concreta de los productores en Argentina, buscamos algunas opiniones relevantes.

Distintas visiones

La licenciada Agustina Whelan considera que el paradigma de la EG no sería suficiente para modificar por sí sola los resultados finales al señalar que “sería conveniente contar con una instancia estatal que evalúe la viabilidad de los proyectos que utilicen subsidios o fondos públicos con una visión prospectiva completa del desarrollo para optimizar la utilización de estos y dar un soporte integral para aumentar las chances de llegar exitosamente al mercado”.

Por otra parte, tampoco sería acertado considerar a la edición génica como reemplazo de los OGMs. La doctora Gabriela Levitus, directora ejecutiva del Consejo Argentino para la Información y el Desarrollo de la Biotecnología (Argenbio), destaca la importancia de no prescindir de ninguna tecnología disponible.

“En realidad –dice- la edición génica no reemplaza a la transgénesis, sino que se trata de una tecnología que viene a sumar ya que hay determinados atributos buscados en el mejoramiento que solo pueden ser obtenidos en productos OGMs como por ejemplo los productos Bt”.

Los desarrollos con tecnología Bt poseen tolerancia a insectos y han sido fundamentales en el crecimiento del cultivo de maíces tardíos en Argentina.

Casi simultáneamente al trabajo de Whelan y equipo, otro documento, autoría de Delia Lewi, investigadora del INTA y Carmen Vicien de la UBA, se focaliza en el caso de los OGMs y en el hecho de que, a pesar de los logros de la regulación en Argentina, muchos desarrollos quedan en el camino y no llegan al mercado, especialmente los locales.

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Proyectos locales

De hecho, son solo dos los proyectos locales que están actualmente cerca del mercado (papa resistente a Potato Virus, PVY, de Conicet-Biosidus-Tecnoplant y soja HB4 tolerante a sequía de Indear-Conicet- Bioceres).

Lewi y Vicien destacan que un análisis prospectivo de las capacidades locales de Argentina para el desarrollo y la comercialización de cultivos derivados de la biotecnología, hubiera llevado a presuponer un escenario mucho más optimista que el finalmente observado hoy en día.

Un buen ejemplo de los casos que no llegan al mercado es la caña de azúcar con resistencia al herbicida glifosato, un desarrollo de instituciones del sector público y privado que pasó la evaluación de seguridad ambiental y de alimentos, pero no pasó efectivamente al mercado debido a los potenciales problemas de acceso a mercados internacionales evaluados por las partes interesadas de esa cadena.

Otro ejemplo similar es el Trigo HB4, resistente a sequía, desarrollo local de Indear, que se encuentra hace meses con evaluación comercial pendiente por el impacto negativo que podría tener en el mercado de los compradores internacionales de Argentina, sumado a la falta de trazabilidad de la logística interna de trigo.

Causas del estancamiento

Más allá de destacar el estancamiento que sufre el desarrollo de una buena parte de los proyectos, las autoras remarcan la preocupación de la propia cadena biotecnológica incluyendo un relevamiento de los talleres organizados a través de la Red de Laboratorios de Biotecnología para América Latina y el Caribe (Redbio), para analizar los factores que están limitando el número de desarrollos locales exitosos.

Los resultados de estos talleres muestran múltiples causas, pero un factor recurrente: la falta de mecanismos de información, asesoramiento y coordinación de todo el proceso en forma integral, desde la investigación y hasta que un producto esté disponible en el mercado.

En conversación con la doctora Vicien, destacamos su opinión acerca de la necesidad de “hacer un estudio profundo del mercado destino del producto bajo mejoramiento y quizás analizar el trabajo que hicieran Canadá con colza o Brasil con el poroto. “Esto requiere desde el inicio pensar en la comercialización y supone negociaciones y acuerdos en el mercado a nivel global desde el principio”, dijo.

También resaltó que “el sistema regulatorio argentino es bueno y respetado, pero los desarrollos no solo deberían tener planes para afrontar el proceso regulatorio sino incluir un análisis de mercado para ese producto específico” y finalmente valoró “contar con un enfoque de pensamiento más estratégico”.

Una oportunidad para no desaprovechar

La biotecnología argentina muestra éxitos parciales para nada despreciables, amplia adopción por parte de los agricultores y un marco regulatorio que se posicionó como una referencia ineludible en todo el mundo, gracias a la permanente adaptación e innovación que requieren los sistemas de bioseguridad.

Y pareciera haber una oportunidad de articular las políticas de regulación mediante instancias que coordinen y optimicen los esfuerzos de investigadores, desarrolladores, obtentores y semilleros, para que la gran cantidad y diversidad de líneas de desarrollos existentes en el país exploten con todo su potencial.

Por Victor Piñeyro, Ing. Agr., docente y director del

Observatorio de Comunicación de Agronegocios.

 

 

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