Prepararse para vivir el nuevo mundo

Ya nos hemos referido en estas páginas a los trascendentales cambios que se vienen produciendo en la Humanidad.

Las primeras revoluciones fueron más distantes entre sí. Primero fue la industrial, que modificó la vida de las sociedades, donde una economía basada en la agricultura y el comercio viró hacía la utilización del acero, el carbón y las máquinas mecánicas para la producción, lo que dio lugar al surgimiento de las grandes ciudades.

Muchas décadas después, la segunda revolución tuvo lugar con nuevas fuentes energéticas, como la electricidad y el petróleo, con grandes transformaciones en la comunicación y el transporte, que derivaron en la fabricación en serie, profundizando la urbanización y la internacionalización.

Ya más cerca en el tiempo, a fines del siglo pasado, la era electrónica y digital –considerada la tercera revolución- modificó fuertemente la comunicación, los hábitos, los trabajos y las profesiones, en resumen, nuestras vidas.

Ahora, a muy pocos años de aquella, según el Foro Económico Mundial asistimos a una nueva revolución (la cuarta revolución o Revolución 4.0), más arrolladora que las anteriores ya que no solo trasformará lo que hacemos, sino lo que somos. Se trata de la fusión de esferas entre lo físico, lo digital y lo biológico.

El doctor Facundo Manes, neurólogo, neurocientífico, rector de la Universidad Favaloro e investigador del Conicet, se refirió hace poco a esta cuestión en una columna publicada por el diario Clarín.

Allí cita algunos ejemplos de los que ya somos testigos: interfaz cerebro-computadora, avances en la biotecnología, robots invencibles para diversos retos, autos que se manejan solos, drones que controlan extensas tierras sembradas y recolectan información para trabajar sobre ellas, por ejemplo.

Manes alerta sobre lo que estos cambios implican y señala que son grandes desafíos a nivel educativo y laboral, especialmente, para los jóvenes.

Según el científico, ellos deben contar con habilidades para conseguir y desarrollarse en empleos que todavía no se han creado, ya que estas nuevas tecnologías también generarán nuevas formas de trabajo.

Este panorama no debe ser para nada desalentador, sino más bien impulsarnos con celeridad a pensar cambios en los procesos de formación de las personas y las comunidades.

Por ejemplo, el conocimiento enciclopédico y las memorias prodigiosas dejarían de ser capacidades muy valoradas.

“Debemos prepararnos ya para vivir en este nuevo mundo. La transformación educativa necesita de estilos de enseñanza dinámicos y flexibles, que se ajusten a las necesidades y desafíos presentes y futuros.

Desarrollar la capacidad de “aprender a aprender” y habilidades como la lecto-escritura y el pensamiento lógico matemático deben ser objetivos prioritarios en la agenda educativa.

De tal manera, el mundo necesitará de adecuadas políticas educativas que se adapten a estos nuevos tiempos, tanto como programas de formación de recursos humanos que se adecúen a los nuevos tiempos y las nuevas tecnologías, para su máximo aprovechamiento pero, fundamentalmente, para que el hombre no sea despedido por la fuerza centrífuga de los grandes adelantos que se producen cada vez con mayor velocidad y que, presumimos casi sin temor a equivocarnos, generará tal vez, en no tanto tiempo una Revolución 5.0.

“Los recursos cognitivos y emocionales que permiten hacer frente a nuevos y complejos desafíos y desarrollar el potencial de cada persona harán la diferencia entre las naciones que prosperen y las que no. Los argentinos debemos decidir urgentemente de qué lado queremos estar y hacerlo posible”.
Mucha razón tiene el doctor Manes.