Es importante identificar los ambientes para las pasturas

En pasturas, es imperioso asignar a cada ambiente las especies que mejor se adaptan para obtener una elevada producción de forraje de calidad en el norte bonaerense.

Pasturas
Si bien el concepto es obvio, no es tan sencillo poder discriminarlo “a campo” si se tienen en cuenta la variedad de ambientes y de especies forrajeras posibles de utilizar en cada uno de ellos.

Los sistemas ganaderos de carne o leche de base pastoril, ya sea parcial o total, requieren progresivamente un uso más sustentable y eficiente del recurso suelo para producir pasturas.

Entre otros aspectos, esto implica asignar a cada ambiente las especies que mejor se adaptan para obtener una elevada producción de forraje de calidad.

A escala regional, al ambiente se lo puede caracterizar mediante la combinación del clima, el relieve y el tipo de suelo.

A una  escala menor, la típica heterogeneidad del relieve y del suelo en lotes destinados a la ganadería hace compleja la metodología para diferenciar ambientes homogéneos.

Según un trabajo realizado por el grupo forrajeras de INTA Pergamino, liderado por el ingeniero agrónomo Omar Scheneiter, en el centro norte de la provincia de Buenos Aires las precipitaciones promedio tienen un gradiente descendente de este a oeste de 1.000 a 725 mm.

Por su parte, las temperaturas medias descienden desde 16,6º C (10,3-23,6) desde el extremo norte hasta 15,8º °C (9,1-23,2) en el centro sur de la provincia.

En cuanto al relieve, se puede distinguir a la pampa ondulada en el norte y noroeste de la provincia con vías para un rápido escurrimiento de aguas superficiales.

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Ingeniero agrónomo Omar Scheneiter, especialista de pasturas y forrajeras de INTA.

La Pampa arenosa hacia el oeste y parte del centro – oeste, con áreas deprimidas en los intermédanos que dan lugar a lagunas permanentes o temporales.

Por último, la Pampa deprimida en el centro sur y sudeste con una topografía plana y baja que dificulta el escurrimiento natural de los excesos hídricos.

Especies para el norte bonaerense

La conjunción del clima, relieve y suelo modelan las diferencias relativas en cuanto a la adaptación de las especies forrajeras en el norte de la provincia de Buenos Aires.

Es posible observar cómo las variables bioclimáticas (lluvia y temperatura en este caso) determinan la distribución relativa de las especies forrajeras.

Por ejemplo, la cebadilla criolla se ajusta mejor que otras en la región centro norte, el raigrás perenne en el este, la festuca alta y el agropiro alargado en regiones con deficiencias hídricas.

En el caso de las leguminosas, la alfalfa es de importancia central en los suelos agrícolas del centro y noroeste mientras el trébol rojo prospera mejor en el este de la región y el Lotus tenuis donde la presencia de humedad está garantizada.

Escala de establecimiento

A escala de establecimiento, se deberían distinguir los suelos en una posición alta en el relieve de los susceptibles de anegamientos.

En estos últimos, a su vez, distinguir los hidromórficos (anegables sin sales) de los hidro-halomórficos (anegables con salinidad-alcalinidad).

En el primer caso está claramente establecido que el reemplazo de especies nativas por pasturas base alfalfa determina un incremento significativo de la producción de forraje de calidad.

En lo que refiere a suelos ganaderos, previamente se debe establecer el valor forrajero de la vegetación natural (grupos de especies y su calidad) para analizar si es conveniente su reemplazo o implementar prácticas que favorezcan su presencia, producción y calidad.

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A nivel de lote, es posible que la división original con alambrados no coincida con los ambientes edáficos específicos para cada especie forrajera que se pretenda establecer.

Además que el tipo de suelo no permita hacer una división con una diferenciación de ambientes, especialmente en los suelos ganaderos, característicos por una alta heterogeneidad edáfica.

Esto último se refiere a lotes con complejos de suelos, o con cortas transiciones de un tipo de suelo a otro, o con “ollas” o “manchones” con depresiones aleatoriamente dispersas.

En estos casos, si se eligen las especies por “la situación más frecuente” necesariamente se incurre en ineficiencias productivas y/o gastos innecesarios.

A modo de ejemplo, si se emplea la festuca alta en un suelo que tiene sectores con niveles elevados de alcalinidad, esta especie no prospera.

Por el contrario, si se establece agropiro alargado en sectores del lote donde podría prosperar la festuca alta significará disminuir la producción de forraje.

Recomendaciones del INTA

En base a lo anterior desde el INTA Pergamino, recomiendan establecer claramente los ambientes.

Para ello, según los especialistas, se pueden emplear cartas de suelos, análisis de suelo, reconocimiento de especies indicadoras en el lote, imágenes satelitales y de drones.

Además de lo anterior considerar la profundidad de la napa, el riesgo de anegamiento y la presencia de horizontes decapitados por erosión.

Una vez identificado el ambiente, de acuerdo a los criterios anteriores, se seleccionan las especies forrajeras adaptadas al mismo y se establece la forma de siembra correspondiente.

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