Es hora de planificar la próxima campaña de cebada

Los apuntes para planificar la próxima campaña de cebada son fundamentales. La elección del lote, de las variedades y las fechas de siembra, sumadas a una adecuada fertilización para obtener buenos resultados, son algunas de las recomendaciones que emanan desde el INTA.

Cebada
En el centro-sur bonaerense, la fecha de siembra es amplia: va desde comienzo de junio hasta mediados de agosto, según cada variedad.

Como todos los años, durante el otoño, el sur de Buenos Aires se prepara para encarar una nueva campaña de “siembra fina” –trigo, cebada, avena, centeno–.

En este sentido, la elección del lote, de las variedades y las fechas óptimas de siembra, sumadas a una adecuada fertilización, serán factores decisivos para obtener buenos resultados.

“Elegir una variedad de cebada no es una decisión tan libre como lo es en trigo”

Al igual que con el resto de los cultivos, “conocer la historia del lote en el que se va a sembrar cebada va a marcar la diferencia en los resultados”, señaló Liliana Wehrhahne, responsable del Ensayo de la Red de cebada de la Chacra Experimental Integrada Barrow, del INTA.

“Es importante saber qué cultivo se hizo antes, indagar sobre los herbicidas que se aplicaron y realizar un análisis del suelo para conocer la proporción de nutrientes de interés”, agregó la ingeniera agrónoma.

Se convierte en fundamental partir de un lote libre de malezas y no sembrar en un lote que tenga especies problemáticas, como el raigrás resistente por ejemplo.

¿Dónde implantar cebada?

El sur bonaerense es conocido por ser una zona dedicada a los cultivos de invierno, como trigo, cebada, avena y centeno, entre otros. En este sentido, Wehrhahne indicó que “no es recomendable sembrar cebada sobre un lote que tuvo cebada en la campaña anterior, debido a que pueden perdurar en el suelo y en el rastrojo enfermedades y plagas que podrían dañar al nuevo cultivo”.

Sin embargo, la especialista manifestó que “si se va a sembrar cebada sobre cebada y el destino del grano es maltería, debe sembrarse el mismo cultivar que en la campaña precedente ya que mantener la pureza varietal es muy importante”.

La elección de la variedad

En cuanto a la elección de la variedad, Wehrhahne señaló que “no es una decisión tan libre como lo es en trigo, donde el productor elige según su preferencia y condicionamientos técnicos o agronómicos”. Y aclaró: “Si la cebada es para maltería, en general, el productor debe tener un convenio previo con alguna empresa”.

Cuando el productor no tiene un contrato con ninguna empresa, en general, puede destinar la producción a exportación de grano forrajero o uso propio para alimentación del ganado y, en algunos casos, usarlo para reserva forrajera como silaje de planta entera.

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Wehrhahne: “Es importante saber qué cultivo se hizo antes, para conocer los herbicidas utilizados”. (Imagen: Martín Steeman)

“En el caso de cebada para exportación el parámetro a tener en cuenta es el peso hectolítrico y no el calibre o la proteína, como en maltería, y para acceder al grado 1 tiene que ser de 62 kilos/hectolitro o más”, indicó la especialista.

“Es muy importante conocer la sanidad de la semilla, sobre todo cuando se usa semilla propia”

Para usos no industriales, “se proponen las variedades obtenidas en el marco del programa de mejoramiento genético del INTA Bordenave, debido a que tienen una excelente aptitud para la producción de grano y, además, se emplean para la confección de silaje de planta entera”, expresó Wehrhahne y agregó: las más recientes son Ainara INTA, Sara INTA, Silera INTA y la nueva Militza INTA.

Manejo de fecha de siembra

En el centro-sur bonaerense, la fecha de siembra es amplia. En esta línea, Wehrhahne indicó que “va desde comienzo de junio hasta mediados de agosto” y aclaró: “Cada variedad tiene una fecha óptima”.

Previo a la siembra, “es muy importante conocer la sanidad de la semilla, sobre todo cuando se usa semilla propia”, destacó la especialista de la Chara Integrada.

“Esto que parece menor es relevante ya que hay muchos patógenos que se transmiten mediante la semilla y que pueden ser eliminados con un buen tratamiento fungicida. De no hacerlo, se pueden introducir enfermedades que no había en el lote”, consideró.

Manejo nutricional

En todos los casos, siempre es apropiado realizar un análisis de suelo para conocer el contenido de fósforo y nitrógeno, aunque adicionalmente se puede medir azufre.

“Los valores de fertilizante a aplicar se calculan en función del rendimiento esperado y los valores hallados en el suelo”, expresó Wehrhahne.

La fertilización con fósforo se recomienda en suelos con un contenido menor a 20 ppm (P Bray). En el caso del nitrógeno hay que tener en cuenta que no solo se debe pensar en rendimiento, sino también en el porcentaje de proteína del grano, ya que es una de las características importantes para la comercialización.