¿Cómo es el trabajo aéreo en un año Niña?

Desde la Fearca dialogaron con aeroaplicadores que trabajan en la zona más productiva del país. ¿Cómo influye su trabajo en un año Niña?, ¿cómo es su trabajo en soja y maíz? ¿cuáles son los cuidados que tienen que tener estos cultivos? ¿por qué el avión es una herramienta fundamental para la aplicación agrícola?

Empieza la campaña, todo comienza a moverse, los productores empiezan a preparar el suelo, las maquinarias calientan sus motores y los aviones agrícolas se preparan porque llegó la hora de trabajar para elaborar alimentos para Argentina y el mundo.

Durante la gruesa, cada eslabón de la cadena agroindustrial tiene su función. ¿Cuál es la del avión agrícola?, ¿qué trabajos hace el aeroaplicador durante esta campaña?, ¿en qué cultivos trabaja?

Desde la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (Fearca) hablaron con aeroaplicadores de las zonas más productivas del país quienes contaron cómo es su trabajo durante la campaña gruesa.

Desde La Carlota

Francisco Casajús es aeroaplicador perteneciente a la Cámara de Empresas Agroaéreas de Córdoba (CEAC), tiene su base en La Carlota, zona sur de la provincia y trabaja entre Río Cuarto y Canals, Alejandro Roca y La Carlota y, hacia el norte, con pista en Chazón, atiende la zona de Ucacha, Etruria, La Laguna y Pascanas.

Francisco considera al avión como “una de las mejores herramientas para hacer todo tipo de aplicaciones, tanto líquidas como sólidas, a partir del nacimiento de los cultivos” y sostiene que las ventajas que tiene son “rapidez de aplicación y de contratación, estamos siempre listos para salir, no pisamos y la calidad de aplicación, menor volumen, mayor concentración de principio activo, más uniformidad de gota”.

El aeroaplicador cordobés cuenta que “el trabajo en soja en un año normal, comenzamos a aplicar, a fines de enero y febrero, con fungicidas y en algunos casos con insecticidas, dependiendo el ataque” y señala que “entre marzo y abril, puede haber aplicaciones de insecticida para chinche y, en algunos casos, herbicidas desecantes por falta de control de malezas”.

Con respecto al maíz, Francisco sostiene: “En los maíces tempranos, solemos aplicar fungicidas en los estadíos V7 > V10 el mes de diciembre y, en los maíces tardíos, también aplicamos fungicidas en los mismos estadíos. A fines de enero y febrero también se puede sumar algún herbicida selectivo para control de malezas”.

“Las perspectivas para esta campaña no son alentadoras porque está previsto un año Niña”, opina Francisco y explica que “mientras mejor índice de lluvia tenemos, más trabajos hacemos, en cantidad y en variedad”.

En el centro oeste santafesino

También hablamos con Darío Bolatti, aeroaplicador de la Cámara de Empresas Agroaéreas de Santa Fe (Ceasfe). Trabaja en el centro oeste de la provincia de Santa Fe y su zona de influencia es de 50km a 60 km a la redonda. Según Darío, en su región, “las perspectivas para este año de soja están un poco complicadas debido a la parte hídrica”, pero resalta que “la esperanza de los productores siempre es buena”.

“En soja, generalmente, estamos trabajando en lo que es fungicida e insecticida”, detalla Darío y señala que “en nuestra zona, en maíz, se está tratando de imponer el uso de fungicida porque la mejora en el rinde es notoria, aunque sólo se aplica entre un 5% a un 7% del área sembrada en fungicida en avión”.

“El año pasado el avión, en nuestra zona, fue una herramienta fundamental porque, con el agua justa los primeros días de diciembre hasta los primeros días de marzo, las máquinas terrestres no llegaban y en los momentos libres de pulverización no daban los pisos, cuando empezaron a dar los pisos la parte terrestre no llegaba y ahí estábamos con los aviones”, explica Darío, haciendo alusión a la importancia que tiene el avión en esos momentos.

Por otro lado, resalta que “las ventajas principales del avión son la rapidez del trabajo, si el trabajo se hace a conciencia anda exactamente igual que un vehículo terrestre y llega en tiempo y forma a todos los cultivos y todos los productores” y detalla que “usándose como corresponde se eficientiza la utilización de los productos y la llegada a los cultivos es mucho mejor”.

En el centro bonaerense

Raúl “Bocho” Monferrer, es aeroaplicador de la Cámara de Aeroaplicadores de la Provincia de Buenos Aires (Capba), tiene sus bases en Benito Juárez y Olavarría, trabaja a 200 km a la redonda en lugares como Azul, Tandil, Necochea, General Lamadrid, entre otros.

Bocho, como todos lo conocen en el ambiente, opina que “la perspectiva que tenemos este año está basada en las condiciones climáticas que no son muy claras por el momento ya que no hay muy buenos pronósticos de lluvia”.

Su trabajo en soja es, básicamente, la aplicación de fungicidas e insecticidas ya cuando está alta. “En la zona de Azul, Benito Juárez, Olavarría, Balcarce, se aplica en los maíces cuando ya está el ciclo terminado para hacerle herbicidas y dejar el cultivo limpio evitando, fundamentalmente, la venida de la Rama Negra”, cuenta Bocho.

Sostiene que “también se utiliza el avión para hacer Siembra Aérea sobre maíces y sorgos en los meses de febrero y marzo”. Es importante destacar que “no se utiliza el avión en forma asidua como se usan los equipos terrestres, se los emplea en forma ocasional, pero a través de los años y la clientela tenemos una importante cantidad de hectáreas por año para realizar”.

Desde General Pico

Guillermo Cortiglia, aeroaplicador perteneciente a Capba, trabaja en la zona de General Pico, La Pampa y en la provincia de Buenos Aires. “Las perspectivas para esta campaña que está empezando son buenas, los cultivos están bien, no llovió en abundancia, pero si bien para los perfiles”, sostiene Guillermo.

En cuanto a su trabajo como aeroaplicador, explica que “en soja hacemos fungicida e insecticida, a veces herbicida, dependiendo cómo viene el cultivo”. Por otro lado, Guillermo, explica que “estamos trabajando bastante en los maíces de segunda con herbicida y haciendo Siembra Aérea para hacer cobertura con el objetivo de mantener los suelos limpios y contener las malezas”.

Para Guillermo “el avión es la única herramienta que hay cuando no hay piso” y asegura que “la ventaja, además de la rapidez, es que se realiza un buen tratamiento y, a su vez, no hay pisoteo por lo tanto no hay desgaste y no hay pérdida de economía en los cultivos”.

Desde La Paz, Entre Ríos

Rubén Dirrehimer es aeroaplicador de la Cámara de Empresas Agroaéreas Entrerrianas (CEAER), su base principal es Paso Telégrafo que está ubicada en el departamento de La Paz y además trabaja en la zona de Viale, Paraná.  “La perspectiva de trabajo depende de la altura de los ríos ya que aplicamos más que nada en arroz y si crecen los ríos aumenta la posibilidad de siembra”, cuenta Rubén.

Para esta campaña detalla que “en soja las expectativas no son muy favorables ya que año a año fue en disminución, sobre todo por presión de los ambientalistas”. En maíz se limitan a unos pocos tratamientos con fungicida. “El avión es necesario cuando el año viene muy llovedor”, opina Rubén.

El avión agrícola es fundamental para aplicar cuando no hay piso, pero además es una herramienta de gran utilidad ya que su rapidez y eficiencia son las ventajas más competitivas a la hora de realizar los distintos tratamientos en los cultivos. Además, la labor del avión permite una utilización de recursos, como el agua, de una manera más sustentable.

El ABC Rural