Un laberinto, una salida y un deseo

Cuando las vaquerías del Río de la Plata y los alambrados todavía estaban “en la nube” los “semovientes” como se denominaba al ganado, nuestro país iniciaba un largo trayecto de desarrollo componiendo uno de los pilares de la economía en los albores que sería tiempo después la Argentina.

un laberinto

Transcurría el año 1786 cuando en un viejo manuscrito oculto en una biblioteca serrana se describía el inventario de una estanzuela. Vacas, vaquillas y padrillos, cabras, cerdos, yeguas y sementales; “machos” y mulas y algunos perros eran los actores principales de la lista.

Los bovinos eran en su mayoría líneas de sangre “Retinta” que con el tiempo y un poco antes de los cercos se cruzarían con los recién llegados, incorporados por hacendados provenientes de distintas ubicaciones del Viejo Continente.

Hasta entonces, el Criollo Argentino provenía principalmente del ganado que se llevó de Panamá a Perú, donde se formó el segundo puesto multiplicador, y de allí a Chile y Bolivia.

Hoy, transcurriendo el segundo milenio, en las pampas argentinas la ganadería sigue esforzándose por subsistir frente al capricho de políticos e ideologías extrañas al sentido común.

Un mundo atónito y autómata que responde a situaciones extremas en un clima enrarecido por los derivados del petróleo y verdugo de la agricultura, la biotecnología y la ganadería sustentable.

Hace poco tiempo se deslizó un dato que libra de todo mal y sospechas a la pobre vaca. Nuestro país generaría la despreciable suma del 0,015% del gas metano al CCG, siempre y cuando los rodeos estén a pleno y en condición regular.

Hoy, como si fuera poco, la agroindustria cárnica se ve amenazada fuertemente por una nueva debacle política. No exportar más del 60% con cupos oficiales en el mejor de los casos. Nuevamente no se entiende el mensaje y se vuelve a repetir la frustración y la angustia, en un sector que genera más de 400 mil puestos de trabajo en toda la cadena de valor desde el campo hasta el consumidor.

El sector ganadero invierte anualmente en todo su ciclo miles de millones de pesos. Solo basta con observar el monto total de ventas de un solo día en el Mercado de Liniers de Buenos Aires, para darse cuenta lo importante que es este generador económico que nuevamente se encuentra entre la espada de la demagogia y la pared del absurdo.

Ojala la “cajita feliz” se llene de buenos deseos en cada voto de los argentinos que buscan en el trabajo, el estudio y el mérito al sacrificio un destino de país merecido por todos. Hasta la próxima.

Gustavo Andrés Manfredi

agronomomanfredi@gmail.com