Reflexiones: El hombre y la independencia

El hombre, desde el momento en que nace, con su llanto ya marca una necesidad a la que se van agregando otras, despacio, muy despacio. Es natural esa dependencia para crecer, madurar y aprender hasta su desarrollo. Después, cuando deja de ser niño, se van sumando otros factores de los cuales necesita y depende hasta llegar al fin del camino.

¿Esto es el mundo? ¿Es descubrir día a día lo que está en él y a la vez se nos ofrece? ¿Todo es exactamente igual para cada ser humano? Probablemente; solo que cada uno pone su sello con distintas actitudes.

Los psicólogos afirman que el carácter de una persona tiene que ver y mucho, con los padres que lo educaron, el entorno, la raza o los genes. Y le ponemos nombres a esos sentimientos de los que también nos van formando el carácter. La ira, la alegría, el ego, la humildad, la perseverancia, esa mezcla de virtudes y defectos con los que elegimos actuar en alguna circunstancia, los elegimos con libertad.

Nosotros y nadie más que nosotros somos los que decidimos cómo reaccionar ante cualquier acontecer cotidiano, malo o bueno. Eso se llama libertad; libre elección. Nadie puede obligarnos a pensar diferente; pero también es bueno aprender a no cerrarnos ante lo razonable.

La independencia dentro de la felicidad y la libertad; es decir lo que queremos que suceda frente a cualquier circunstancia que nos toca vivir, y para no equivocarnos, o equivocarnos menos en las decisiones elegidas, lo mejor, puede ser, emplear el sentido común. Ese que nos hace pensar y entender.

El hombre, como dije antes, nace dependiente y lucha por dejar de serlo, lo cual significa riesgos, sacrificios y costos. Dejar la dependencia es un paso más hacia la felicidad, hacia el buen vivir, que en definitiva es a lo que todos aspiramos.

Sin embargo, cuando pensamos que por fin dejamos atrás la dependencia y se nos abre un claro camino muy parecido a la libertad, comprobamos que la independencia nunca es definitiva. Hay un puñado de sorpresas que a veces nos esperan a la vuelta del camino. Circunstancias con las que no pensamos ni remotamente y que en ocasiones cambian nuestro placentero estado de libertad en un horizonte oscuro.

La vida va pasando más rápido de lo que quisiéramos y si somos capaces de conservar nuestra libertad sin lastimar al prójimo, sin ser conformistas y tratando de tener ambiciones moderadas, podríamos decir que estamos en el camino correcto.

Ese camino puede ser, en algunos casos, sinuoso; tomarlos con fe y esperanza, siempre mirando adelante, es como un pase tranquilo al tiempo, o sea al futuro que soñamos hacia la felicidad.

La libertad se conquista, a medida que el hombre adquiere principios, educación y formación, ya que con esos valores se hace frente a la vida cotidiana, lo que representa hacer buen uso de la independencia. Hay circunstancias en los que ser libres es renunciar a algunas “comodidades”.

Sin embargo, a corto plazo se verán las “ganancias”. Con la libertad ya adquirida el camino se hace más llano, más cómodo y hay puertas que se nos abren más fácilmente hacia la plenitud.

No quedan dudas de que la libertad y la independencia, son los valores más preciados del ser humano, en cualquier lugar del mundo. Es el punto de llegada a la meta que soñamos.

Norma Morell (Arroyo Dulce)

normamorel@hotmail.com

El ABC Rural