Radiografía de la producción apícola en tiempos de pandemia

A pesar del Coronavirus, la apicultura continuó con su ritmo normal en el mundo. Más allá que el panorama de la pandemia se agudizó en un momento crítico para la actividad, los apicultores lograron hacer los manejos tradicionales preparando las colmenas para la próxima zafra.

producción apícola
El sector apícola se adapta a los cambios. En el marco de la pandemia, siguió las instrucciones de un protocolo para continuar produciendo miel en la Argentina.

El Programa Nacional Apícola del INTA (Proapi), viene trabajando junto a otras instituciones, como el Senasa y universidades de varias regiones del país, con el objetivo de brindar recomendaciones sobre la necesidad de tomar medidas a la hora de preparar las colmenas para una mejor producción apícola.

Esto se hace luego de haber culminado la cosecha a principio de año, en medio de una generalizada prevención por coronavirus.

“Si bien la apicultura fue una actividad considerada dentro de las excepciones, la pandemia surgió en un momento donde los apicultores deben realizar tareas críticas de control en las colmenas”, destacó la doctora María Alejandra Palacio, en diálogo con El ABC Rural.

La especialista, coordinadora del INTA Proapi y profesora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata, indicó que con la pandemia, surgió la necesidad de distribuir en los productores un protocolo con recomendaciones para poder efectuar la actividad de manera segura.

“Fue una estrategia que ayudó a los apicultores en un momento de mucha incertidumbre. Permitió abordar problemas complejos en la actividad como por ejemplo el monitoreo de varroa, la alimentación de las abejas, el traslado de colmenas, la preparación de la abeja para la invernada, entre otros manejos que pudieron realizar gracias a ese protocolo”, explicó.

María Alejandra Palacio, investigadora del INTA Balcarce, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata y coordinadora del programa INTA Proapi.

-¿Hubo situaciones en medio de la pandemia donde aún no se había culminado la cosecha?

-Sí, en realidad en la mayoría de las regiones la zafra había culminado pero había que enfocarse en el traslado de colmenas y su preparación para la invernada. Sin embargo, una gran parte de Entre Ríos finalizó la cosecha en marzo, con lo cual fue afectado por este problema.

De todos modos, gracias a las recomendaciones que elaboramos con Senasa lograron terminar la campaña con éxito.

“Tratar de salir lo menos posible al campo”

Según Palacio, tratar de salir lo menos posible al campo es una decisión que todos los apicultores deben tomar. Sin embargo, es preciso continuar preparando las colmenas para pensar en la próxima cosecha de miel que se realiza entre noviembre y diciembre, dependiendo la región y el momento en que comienza la invernada.

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“Hay apicultores que llevan sus colmenas al valle para multiplicar y están teniendo inconvenientes”, dijo la referente de INTA.

“Deben seguir monitoreando las colmenas prudentemente, porque el coronavirus es una amenaza, más allá que esta actividad esté exceptuada, al igual que todas las que componen el sector agropecuario”, reconoció.

-¿Hubo algún inconveniente con el traslado de colmenas de una provincia a la otra por los cierres de fronteras?

Sí, hubieron algunos reportes. Inclusive ahora cuando la pandemia está en un punto muy crítico en la Argentina, tuvo que intervenir el Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense. El traslado interprovincial de colmenas para polinización y alimentación es un problema por las exigencias de muchos gobiernos.

Hay apicultores que llevan sus colmenas al valle para multiplicar y están teniendo inconvenientes. Por suerte esta situación no fue tal entre partidos o pueblos de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, ya que los intendentes tuvieron presente que esta actividad está exceptuada.

-¿Cómo se certifica la condición de apicultor para transportar las colmenas o realizar la actividad en el territorio?

-En principio, los apicultores deben estar registrados en el Registro Nacional de Productores Apícolas (Renapa). Deben portar su credencial como tal. Incluso durante este tiempo, notamos que a partir del mes de abril, el número de inscriptos sumó 500 apicultores más en el país, en relación a un registro que se hizo dos meses antes.

Es decir que es notorio que en la Argentina, apicultores que no estaban registrados, blanquearon su situación debido la pandemia.

El aporte del Proapi

El Programa Apícola de INTA (Proapi), fue concebido como un equipo de trabajo interinstitucional y de articulación público-privada, que llegó a lograr el reconocimiento tanto en el ámbito científico como en el productivo a nivel nacional e internacional.

En el marco del Covid-19 mantuvo una reacción rápida y se puso a disposición de los apicultores para abordar la situación.

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La relación abejas y ecosistema tiene un papel muy importante en la producción de la alimentación y en la biodiversidad.

“Si bien hoy no estamos yendo al campo ni a los laboratorios por las circunstancias conocidas por todos, seguimos trabajando de manera virtual con nuestros apicultores, fortaleciendo todos los programas que tenemos a lo largo y ancho del territorio nacional”, destacó la entrevistada.

Justamente, en esta temporada, cuando el trabajo en los apiarios se reduce, es el momento oportuno para realizar jornadas de capacitación técnicas. Allí, el Proapi, en conjunto con otros organismos, es el encargado de organizar este tipo de encuentros.

“Veníamos trabajando desde hace dos años en la gestión del conocimiento, mediante la carrera de licenciatura en producción apícola que es absolutamente virtual. Esto nos ayudó a afrontar este tiempo de capacitación con mucha más experiencia”, comentó.

-Es decir que ya venían trabajando con herramientas virtuales para la capacitación y organización de jornadas   

Exactamente. Y no solo la comunicación del conocimiento. También la participación de todos los apicultores. Tenemos la ventaja de estar trabajando desde hace tiempo con la virtualidad online. Es una herramienta indispensable para llegar al productor, más aún hoy con una pandemia que nos amenaza a todos.

El año pasado organizamos un curso abierto a distancia denominado MOOC, que propone un enfoque de la apicultura desde una mirada regional. El mismo comenzó justo con el inicio de la pandemia en nuestro país y contamos con la asistencia de 35 mil inscriptos de 50 países del mundo.

-¿Este número de inscriptos colmó las expectativas en el INTA?

Por supuesto. No solo fue un impacto positivo para el INTA, el Proapi o el Procadis (área de educación a distancia de INTA) sino que también fue una circunstancia que impulsó la visibilidad de la miel argentina en el mundo.

Fue un curso masivo que nos llenó de orgullo a todos. A partir de esta experiencia comenzamos a realizar varios cursos virtuales que impulsan el conocimeinto en el marco de la pandemia.

Importancia de la miel argentina en el mundo

Además de la difusión de la importancia de la producción apícola en la agricultura, a través de la polinización, el Proapi se encarga de asesorar a los productores apícolas en relación a la miel y su valor agregado.

Como ejes de trabajo para el 2020, explicó que “la intesificación de la producción agropecuaria, el efecto del cambio climático y el fraude de la miel” son amenazas importantes que hacen peligrar la sustentabilidad apícola.

Por ello desde el programa se logra profundizar la articulación público – público y público – privada para abordar y propiciar soluciones adecuadas a los territorios.

“Debemos cuidar a las abejas como sociedad. Las Buenas Prácticas Agrícolas deben incluir el concepto de la polinización, mediante la diversificación de cultivos y protección de la flora nativa”, expresó la coordinadora del proyecto de INTA.

-¿Cómo se encuentra el sector apícola en relación a márgenes de rentabilidad en la Argentina?

Está claro que la apicultura no venía bien en nuestro país por el nivel de precios bajos de la miel principalmente. A esto, se le deben sumar rendimientos bajos de producción por el cambio climático, principalmente, y aumento en los costos productivos por la inflación.

De todos modos estamos visibilizando una gran oportunidad que debemos aprovechar. Hoy el precio de la miel está mucho mejor que el año pasado.

-¿Cuáles son los desafíos pos pandemia para el sector ?

En el sector hay amenazas que son un problema en el mercado mundial de producción apícola. Una de ellas es el fraude de la miel, que es la adulteración del producto que hace que el precio baje. Se expresa por un ingreso masivo de este producto alterado con otras sustancias, básicamente proveniente de países asiáticos.

En la Argentina debemos derribar ese fraude con nuestra miel genuina de calidad e imponerla en el mundo con un precio considerable, e ir ganando más mercados.

“Los productores siguen confiando en la actividad”

A pesar que varios apicultores tuvieron que diversificar su actividad, según Palacio, “la mayoría sigue confiando en sus apiarios como una de las principales fuentes de recursos”.

Los precios bajos pagados por la miel en los últimos años, fue el final de la apicultura para muchos, pero otros decidieron seguir manteniendo este rubro a pesar de los márgenes acotados.

“El mapa apícola todavía no refleja la cantidad de productores que tenemos en el país, con lo cual analizar si hay bajas o altas de nuevos apicultores es un trámite complejo desde el punto de vista oficial”, indicó.

En ese sentido, en noviembre de 2019, el Renapa había contabilizado 12800 apicultores en toda la Argentina, pero (como se marcó en párrafos anteriores), en abril de este año, el registro ya tenía 13300.

“No es que en tan poco tiempo haya habido 500 nuevos apicultores. Es que se registraron 500 que necesitaban el permiso para circular, de una lista que seguramente es mayor y continúan todavía sin estar registrados”, sostuvo.

-¿Cree que por falta de rentabilidad muchos apicultores quedaron en el camino?

Yo no tengo dudas que hubo un porcentaje que debió abandonar la actividad. Pero hubo una gran cantidad que diversificó, incorporando alguna otra actividad de complemento a la producción de miel.

Actualmente no existen tantos apicultores exclusivos, sino que abordaron actividades complementarias para poder subsistir a los bajos precios de la miel. Hoy quizás, con otra expectativa, la situación puede ser diferente y ojalá muchos jóvenes se vuelquen a la producción apícola.

-¿La pandemia fue clave para que la miel retome un precio considerable para el apicultor?

Yo no sé si la pandemia en sí fue una ventaja. Está claro que no, debido a que trajo problemas en todos los sectores. Sin embargo, observamos que el consumo de miel aumentó notablemente y con ello su precio.

Además imaginamos una demanda en aumento a nivel mundial, con una cadena de valor posicionada como creo puede ocurrir con la mayoría de los alimentos. Creo que viene un escenario favorable para la apicultura.

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 -¿Es una actividad donde las mujeres tienen una contribución especial?  

-Si, en los últimos años se fueron sumando mujeres a la actividad y desde el INTA logramos articular su trabajo formando un grupo de mujeres que trabajan en producción apícola, pero entiendo que no es el único existente en el país.

Este grupo trabaja de manera independiente en el fomento de la actividad, con entrega de colmenas, asistencia, capacitación y demás. Es muy importante el rol que tienen las mujeres en la apicultura y es fundamental defenderlo e incentivarlo.

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