¿Qué otra cosa puede llegar a ocurrir?

Esta columna fue escrita lo más tarde posible en el tiempo, cumpliendo con los requisitos y pedidos del editor, intentando esperar hasta último minuto antes del cierre de publicación.

Porque día a día que pasaba, ocurrían cosas y situaciones que contribuían fuertemente a la conformación de los valores internacionales.

Y quizás cuando ustedes la lean, hayan ocurrido muchas otras desde el momento en que ingresó a la imprenta.

Lamentablemente, en la formación de los precios, esta vez no solo influyeron las cifras de la oferta y demanda mundial, las producciones, el clima, las exportaciones e importaciones, los dimes y diretes de Trump contra el resto del mundo.

Esta vez, pegó fuerte la crisis cambiaria que azotó a nuestra economía y las medidas del Gobierno que golpearon en la línea de flotación de los productores argentinos.

Y este impacto es más de sensación de cambio de reglas de juego que las cuestiones económicas.

Porque si hacemos las cuentas, encontraremos que la vuelta a las retenciones en todos los productos representa un 10% de gravamen, cuando la devaluación de las últimas semanas, fue bastante más que eso.

Pero en las filas de los chacareros, hay un sabor amargo en sus bocas, por el cambio rotundo de decisiones.

Hace tan solo 40 días, en la última Exposición Rural de Palermo, se había afirmado que no se iba a frenar la disminución de las retenciones, ni tampoco se iban a implementar nuevas, pero esto no fue así. Y ese cambio de timón en medio de la navegación, no es bueno para ningún empresario, en este caso, los productores.

Para entender la gravedad del impacto de esta medida, los hombres de campo sembraron el trigo calculando sus precios de venta sin retenciones.

Cuando lo cosechen, el precio de venta tendrá calculadas las nuevas retenciones.

No estamos hablando ni evaluando la necesidad del Gobierno de intentar solucionar el desbarajuste económico en el cual estamos inmersos por los desmanejos y la corrupción del gobierno anterior.

Tan sólo decimos que siempre el eslabón que hace fuerza, que saca pecho y define situaciones económicas, es el campo argentino.

Bueno sería que alguna vez, alguien expresamente manifestara esto en forma pública.

En definitiva, todas estas cuestiones han generado incertidumbre, preocupación y falta de confianza en un presente complicado, oscureciendo el futuro de la producción agropecuaria. Pero una vez más, y las cifras lo avalan, el productor argentino, continúa invirtiendo, sembrando a más no poder, e intentando generar ganancias más por el volumen de cosecha que por precios de venta y gastos.

Los mercados nacionales se encuentran vidriosos, con oscilaciones mayores a las que deberían ocurrir en esta época del año.

La alta volatilidad, hace muy complicado el análisis, fuera de lo que está ocurriendo internacionalmente.

Deberemos esperar que pase la tormenta, como definió a esta última crisis el presidente Macri. Siempre es importante tener en nuestras mentes, un concepto que es bastante claro: es primordial tener volumen de cosecha, después veremos los precios de venta.

Y esta afirmación fue corroborada por todos, con los guarismos de la última cosecha gruesa.

La sequía y luego exceso de precipitaciones generaron pérdidas y bajas de producción notables. Y no hubo precio que sirviera para compensar semejante perjuicio.

Que el clima acompañe, que tengamos buena cosecha, que de los precios nos ocuparemos cuando tengamos el grano en los silos.

Al menos, por esta vez.

Por Alejandro Ramírez

(*) Analista Agropecuario.