Muitú: el ave que volvió a nacer tras su extinción en el Iberá

Después de cincuenta años de ausencia, nacieron tres pichones de muitú en el humedal argentino gracias a un programa de reintroducción que busca traer de vuelta a las especies nativas. En los bosques del Chaco Húmedo también se trabaja para fortalecer las pequeñas poblaciones silvestres de esta ave amenazada por la caza y la deforestación.

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El muitú es considerado la pava de monte más grande de Argentina. Foto: Matías Rebak.

La bióloga Sofía Zalazar no había nacido la última vez que se vio a un muitú (Crax fasciolata) en los bosques del Iberá. Fue en los años ‘70 que la población de esta ave de monte empezó a reducirse drásticamente en la Argentina.

Desapareció de las provincias de Corrientes y Entre Ríos, quedando solo pequeñas poblaciones silvestres en áreas boscosas de Chaco y Formosa, al noreste del país.

Un par de años atrás, cuando Zalazar empezó a indagar sobre la presencia del ave en los bosques correntinos del Parque Nacional Iberá, como parte de su tesis doctoral, la información que le brindaban los pobladores de la zona era bastante vaga y escueta.

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“Un pájaro negro grande que canta”, mencionaban los mayores tratando de recuperar imágenes del pasado. “Los últimos registros tienen más de 40 años”, decían algunos guardaparques de la zona.

En ese momento entendió que esta ave no solo estaba desapareciendo de los bosques, sino también de la memoria colectiva de los pueblos. “No encontramos a nadie que la describa con exactitud. Fueron muchos años sin la especie”, refiere la bióloga.

Esta tendencia al olvido tuvo, sin embargo, un punto de quiebre el último febrero con el nacimiento de tres pichones de muitú. La investigadora explica que el largo periodo de ausencia de la especie en Iberá fue combatido con una ardua estrategia de reintroducción ejecutada desde 2019 y que vio sus primeros resultados dos años después.

“Ver cómo una especie vuelve a cumplir su rol dentro de los bosques y que los individuos logran reproducirse es un paso importantísimo en la recuperación de un ecosistema”, apunta.

La emotiva escena de los pichones saliendo de los cascarones se suma a otros nacimientos como parte de los proyectos de reintroducción en el parque —como el caso de jaguares, osos hormigueros, guacamayos rojo y nutrias gigantes— desarrollados desde hace 14 años por los científicos de la Fundación Rewilding Argentina.

Tras el rastro del muitú

Pero, ¿qué llevó al filo de la extinción al muitú? ¿Qué problemas han diezmado a la población de esta ave galliforme considerada la más grande del país?

En su investigación doctoral, promovida por el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal), la bióloga Sofía Zalazar encontró como principales causas a la caza directa y la pérdida de hábitat asociada a la deforestación.

Por su tamaño y volumen, el muitú parece una gallina gigante, ya que mide más de 80 cm y pesa algo más de tres kilos. “Eso las hace codiciadas por su carne”, comenta la especialista. Y a esto se suma la pérdida de hábitat asociada sobre todo a la deforestación para producción ganadera y agrícola.

El 80% de su dieta son frutos. Al ser un ave grande, se alimenta de frutos carnosos de gran porte, mayores a los que podrían comer aves más pequeñas e incluso mamíferos. Esto lo convierte en el principal dispersor y depredador de semillas del Iberá. “Al defecar las semillas en distintos sitios ayuda a regenerar los bosques. A su vez, al romper otras semillas duras y abundantes en su estómago, controla y mantiene la heterogeneidad del ambiente”, comenta la bióloga.

Los primeros pichones

Talía Zamboni recuerda con entusiasmo la llegada de los nueve muitúes provenientes del refugio Bella Vista en Foz de Iguazú. Si bien había mucha ansiedad por acelerar el proceso, para avanzar debían verificar que los ejemplares recién llegados no tuvieran ninguna enfermedad. Por ello, fueron puestos en cuarentena en un espacio acondicionado por la fundación Rewilding en Corrientes.

“Ahí fueron aislados y sometidos a chequeos sanitarios. Se los anestesió y se les tomó muestras de sangre, las cuales fueron analizadas por laboratorio para determinar que no porten enfermedades importantes”, describe Zamboni, Coordinadora de Conservación del Proyecto Iberá.

Durante los controles se aprovechó para colocarles unos pequeños transmisores en forma de mochila. Estos dispositivos livianos permitirían monitorearlos posteriormente. Tras ello, los individuos fueron llevados a una gran jaula de 14 metros de alto, donde se aclimataron durante cuarenta días a las características del nuevo entorno.

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En el jaulón de presuelta los ejemplares son entrenados para sobrevivir a la vida silvestre. Foto: Matías Rebak.

Al ser especies nacidas en cautiverio había que entrenarlas también en la alimentación silvestre. “En ese tiempo se les ofreció frutas y semillas nativas, que es lo que iban a encontrar en el ambiente”, anota Zamboni.

La liberación de las aves no se dio de un momento a otro, sino que fueron familiarizándose progresivamente con su nuevo entorno. La bióloga explica que las puertas del jaulón se abrieron semanas antes del adiós definitivo, “para que todas salgan y vuelvan cuando quieran”. Finalmente, en febrero de 2020 los nueve ejemplares fueron liberados a su nuevo y definitivo hogar.

Volando a un nuevo hogar

La zona de liberación elegida es la Reserva Natural Yerbalito, un área protegida de 1200 hectáreas ubicada al norte del Gran Parque Iberá. Las aves liberadas exploraron su nueva casa durante los primeros meses.

En el monitoreo los científicos advirtieron cómo los ejemplares recorrían varios kilómetros, llegando hasta los límites de la reserva. Después de este tiempo de exploración, llegaría otra buena noticia: la formación de dos parejas reproductoras. Aunque el monitoreo también reveló algunos sucesos desafortunados.

En febrero de este año nacieron los tres primeros pichones en el Iberá en más de 50 años. Foto: Matías Rebak.

De este grupo de nueve ejemplares, cuatro no sobrevivieron a la vida silvestre siendo depredados por gatos montés, zorros y comadrejas. Esta experiencia sirvió para diseñar un método de entrenamiento en la jaula de presuelta —como se llama al recinto que ocupan antes de su liberación—, el cual ya se viene aplicando a un segundo grupo de muitúes que se espera liberar en septiembre.

Sofía Zalazar, quien ahora es una de las responsables del monitoreo, indica que todos los proyectos de reintroducción tuvieron una pérdida del 50% de ejemplares por depredación. “Por eso, a partir de este segundo grupo hemos reforzado el entrenamiento. Les mostramos a sus futuros predadores para que sepan reconocer su presencia y puedan escapar a tiempo”, señala. (Fuente: https://es.mongabay.com/)

El ABC Rural