Maíz tardío: ajustar tecnología de manejo según rendimiento potencial del ambiente

Es la clave para lograr la mejor performance en el cultivo de maíz tardío. Por eso primero hay que realizar un análisis agronómico que ubique ambientalmente y luego la genética indicará el potencial productivo en base al manejo más adecuado.

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Para poder aumentar la productividad del cultivo de maíz tardío manteniendo la estabilidad, los especialistas indican que se deben realizar un adecuado análisis y un correcto manejo agronómico, haciendo hincapié en las fechas de siembra, densidades, fertilidad y, además, estar atentos al aspecto climático, como temas centrales.

A esos importantes aspectos se refirió, en diálogo con El ABC Rural, el ingeniero agrónomo Gabriel Espósito, en el marco de un congreso organizado hace pocos días por Brevant Semillas en la ciudad de Rosario.

Espósito es profesor de la cátedra de producción de cereales de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba.

Ajuste de la densidad de siembra adecuada

“Para lograr la mejor performance del cultivo de maíz tardío, la clave es ajustar la tecnología de manejo para el rendimiento que me puede ofrecer un ambiente determinado”, destacó Espósito.

“La discusión es a qué rendimiento potencial puedo aspirar en cada ambiente de producción según su calidad, por lo que hay que realizar primero un análisis agronómico que nos ubique ambientalmente”, apuntó.

Una vez definido ese rendimiento potencial, el especialista, informó que “la genética nos indica cuál es la producción por planta obtenida, cuando se logra la densidad óptima de siembra, y esa producción por planta es inalterable con el ambiente”.

“Entonces -dijo- ahí se puede ajustar la densidad para ese potencial productivo e híbrido determinado”.

Fertilización balanceada y ajustar híbrido con densidad y nutrición

Luego, el entrevistado, explicó que “hay que observar cuánto nitrógeno le tengo que ofrecer al cultivo, ya que todos los demás nutrientes que hay que balancear, no están íntimamente relacionados con el rendimiento, sino con el suelo”.

Por eso recomendó realizar análisis de suelo y fertilización balanceada, “para no restringir rendimiento ni perder eficiencia en el uso de nitrógeno y agua, que son los dos grandes problemas que tenemos como faltantes”.

Una vez ajustada la fertilización -indicó Espósito- “hay que ajustar el híbrido con la densidad y la nutrición, que dependerá de la cantidad de plantas que coloque y la oferta de nitrógeno que ofrece el suelo”.

En ese sentido, dijo que este ajuste cambia según sea el cultivo antecesor.

“Si se trata de gramíneas, como trigo, hay que colocar más nitrógeno que si tengo leguminosas como vicia, para poder equilibrar la rotación y la adecuada nutrición de la planta”, advirtió.

Manejo recomendado según potencial ambiental

 – ¿Qué manejo recomienda en ambientes de alto potencial de rendimiento?

  • Si tengo un híbrido de punta con potencial para alcanzar los 150 quintales por hectárea, tendría que estar colocando 100 mil plantas por hectárea, estrechando hileras y realizando una siembra de muy buena calidad con perfecta distribución y nacimiento de plantas.
  • Tampoco tiene que faltar una nutrición bien balanceada con el fósforo, azufre, boro, magnesio, zinc y calcio en niveles adecuados. Luego, para un maíz sembrado detrás de soja, colocar de 2,8 a 3 gramos de nitrógeno por planta, entre lo que tiene el suelo y lo que le ofrezco, por lo que hay que realizar un análisis de suelo.

– ¿Y para ambientes de bajo potencial?

  • Para un rendimiento objetivo de 70 a 80 quintales por hectárea, lo ideal es colocar como antecesor un cultivo de servicio, que puede ser en este caso centeno, y sembrar entre 45 a 50 mil plantas de un híbrido de punta.
  • Se necesitará menos nitrógeno, quizás con 120 a 130 kilos por hectárea alcance, siempre considerando entre lo que tiene el suelo y el fertilizante que se agrega.

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