Genetistas dicen tener la fórmula para que el tomate recupere el sabor perdido

Con semillas del siglo pasado, un grupo de investigadores dice haber recuperado “el sabor perdido del tomate”. Se trata de científicos de la UBA, quienes usaron germoplasma argentino que se trajo de bancos genéticos de los Estados Unidos y Alemania.

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Una enorme colección de materiales de tomates cultivados en la Argentina durante el siglo pasado, que se guardaban en el Germplasm Resources Information Network, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (60 accesiones) y otras 60 traídas del Banco de Germoplasma del Leibniz Institute of Plant Genetics and Crop Plant Research, de Alemania.

Con sinceridad, cuando comías tomate de chico ¿tenía el mismo gusto que ahora?. Seguro que la respuesta es negativa. Esto se debe a que los frutos más insulsos son los que más le rinden al productor y, por ende, los que se comercializan.

Por ello, un grupo de genetistas de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Buenos Aires, puso el acento en este problema y parece haberlo resuelto.

“Acá puede que esté el sabor perdido del tomate”. Con esa frase, y con 120 germoplasmas de esa fruta en la mano, Fernando Carrari, genetista de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba), les dijo a sus colegas de la institución que en esas semillas antiguas argentinas, cultivadas entre 1930 y 1960 y traídas de bancos de los Estados Unidos y de Alemania, podría estar parte de la solución de volver a tener tomates sabrosos.

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Manos a la obra

Fue así que entre alumnos y profesores pusieron manos a la obra para poner en marcha el incipiente proyecto. Su finalidad fue comprobar cuán dulces y distintos podrían ser esas variedades hasta entonces olvidadas en bancos genéticos del mundo. Hace pocos días fueron galardonados con los premios CITA en el marco de la Exposición Rural de Palermo.

En un principio, se pusieron a germinar las semillas y para su sorpresa la gran mayoría germinó. Por lo que entendieron que se tornaría imposible evaluar todas las plantas ellos solos. 

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Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética de la UBA.

“El proyecto se componía de 120 colecciones de germoplasma argentino, donde se agregaron además cinco plantas de cada colección y se sumaron cultivares de modernos híbridos de tomate, como plantas testigos. Por lo que eran cerca de 1000 plantas para evaluar. No teníamos gente suficiente para hacerlo”, detalló Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética de la universidad al diario La Nación.

Prueba de fuego

Ya con la primera cosecha, venía la prueba de fuego. Saber si la hipótesis eternamente planteada por la sociedad, de que los tomates de antes eran más dulces y gustosos, se cumplía.

En la misma feria, unas 600 personas degustaron, sin saber cuál era su origen, distintos tipo de tomates. Luego en una planilla cada uno de los encuestados valoró del 1 al 10 las virtudes de cada variedad: su textura, su jugosidad, si era carnoso, si le resultaba ácido, si tenía un gusto agradable, etcétera.

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El Premio CITA 2022. En el centro, Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética y director del Criadero Cultivos del Sur Fauba, recibiendo el galardón

“El resultado fue sorprendente pero esperable a la vez. Los tomates antiguos tuvieron la mejor valoración con ocho puntos de promedio, luego quedaron los tomates actuales producidos de igual modo que fueron aprobados pero con bajos valores. Por último estuvieron los de la verdulería que resultaron aplazados con tres puntos de promedio”, indicó el profesor, que hace 22 años que está en esa cátedra de Genética.

Para el investigador, que tiene varios proyectos en su haber, “este, en especial, tienen un valor agregado” porque hubo una enorme y amplia participación de la sociedad.

El ABC Rural