Fiel testigo del trabajo y la cultura de Berisso

Se lo conoció como “el Vino de la Costa” y se convirtió pronto en furor cuando el puerto y los frigoríficos hacían girar al mundo alrededor de Berisso

Viñedos

Durante el período de inmigración que vivió la Argentina desde fines del siglo XIX, el actual partido bonaerense de Berisso (ciudad fundada en 1871), fue protagonista singular por su historia portuaria, frigorífica y productiva, recibiendo a muchas personas de diferentes partes del mundo en busca de un futuro mejor, conociéndose al distrito como “Capital Provincial del Inmigrante”.
Muchos de los pioneros que se afincaron en las tierras bajas de las islas del Delta y el monte costero del continente, rápidamente establecieron quintas donde cultivaron frutales y hortalizas.
Los colonos italianos y portugueses, que traían la tradición del vino casero desde sus países de origen, realizaron la implantación de la vid variedad americana o Isabella (Vitis labrusca), conocida vulgarmente como “uva chinche”, variedad que se adaptó rápidamente a partir de un trabajo familiar.
Como resultado de la fermentación, obtuvieron vinos tintos, blancos y rosados, de característica singular, aroma frutado y particular sabor, que comenzó a consumirse y venderse localmente en fondas y almacenes, no solo de la entonces pujante ciudad de Berisso -que crecía a la par del puerto y su industria frigorífica- sino también de Ensenada y La Plata.

De notable aceptación y tradición local, a casi su desaparición
Se lo conoció como “el Vino de la Costa” y se convirtió pronto en furor cuando el puerto y los frigoríficos hacían girar al mundo alrededor de Berisso. Elaborado con esfuerzo y corazón, siempre con un proceso casero, buscó entonces seducir los paladares de los trabajadores frigoríficos y portuarios, acompañando sus horas de descanso, como fiel testigo del trabajo y la cultura local. Entre las décadas de 1940 y 1960 llegaron a vender más de un millón de litros anuales de vino.
Pero a pesar de su época de florecimiento y su notable aceptación y tradición local, en 1967 la Vitis labrusca fue excluída por el Instituto Nacional de Vitivinicultura del listado de uvas permitidas para la elaboración de vino, propinándole un duro golpe a todo aquel esfuerzo de los pioneros, por lo que el Vino de la Costa disminuyó drásticamente su producción.
En consecuencia, la progresiva preponderancia de los vinos cuyanos, las crecidas extraordinarias del Río de la Plata y la migración de los hijos de los quinteros hacía las ciudades en busca del trabajo perdido en los viñedos, llevaron al producto hasta casi su desaparición, ya que entre 1967 y 2000 la producción cayó a 1.000 litros anuales. Sobrevivió apenas para el consumo familiar y la venta al menudeo, casi solo para amigos y familiares.

Recuperación como revalorización cultural y desarrollo local
Luego de muchos años fuera del circuito comercial, desde hace una década, en la Fiesta del Inmigrante volvieron a servirse los Vinos de la Costa, acompañando las comidas típicas de las colectividades.
En la recuperación de la producción, mucho tuvo que ver la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de La Plata, que desde 1999 se abocó al estudio del sistema productivo, asesoramiento, capacitación y organización de los pequeños productores familiares, como revalorización cultural y desarrollo local.
De esta manera y junto al municipio local, trabajaron conjuntamente en el regreso del Vino de la Costa, constituyéndose en 2004 la Cooperativa de la Costa de Berisso, y el establecimiento de una bodega, sobre tierras cedidas por el Municipio.
Además, en 2003 habían logrado el reconocimiento del Instituto Nacional de Vitivinicultura de los vinos de la variedad Isabella; se integraron los viñedos a un circuito agroturístico, junto a otros atractivos de la región y anualmente se realiza allí la Fiesta del Vino de la Costa.
En consecuencia, sin perder el concepto artesanal de la tradición productiva, los viñateros de Berisso volvieron a creer en el presente y futuro de su producción de vinos.
Unas 20 fincas
y más de 40
hectáreas: 60.000
litros de vino
Luego de 15 años de trabajo productivo-social y una notable recuperación de la agricultura familiar con ayuda del Estado, hoy la superficie total que ocupa la vid Americana en todo el partido de Berisso creció a más de 40 hectáreas. Esta superficie se reparte en unas 20 pequeñas fincas o quintas familiares, diseminadas en dos áreas productivas bien definidas: el continente con un 70% de las quintas y el Delta con el 30% restante, y una producción de uva que anualmente crece en volumen, calidad y variedad, rondando actualmente los 60.000 litros de vino.
Para conocer en detalle las características de esta particular y distintiva producción de vinos del este bonaerense, Nuevo ABC Rural visitó un viñedo de 80 años de edad, ubicado en una quinta del continente de 2,5 hectáreas (que es la media de superficie de cada una de explotaciones productivas que conforman el área frutihortícola del partido de Berisso).
La recorrida estuvo a cargo de Andrés Aguiar, productor viñatero de la isla Paulino, socio y ex presidente de la Cooperativa de la Costa de Berisso, y coordinador de agricultura familiar del Municipio local, uno de los mayores impulsores y referente en la recuperación de la producción vitivinícola de la zona.

Producto local con identidad y culturalmente muy aceptado
“Los inmigrantes italianos y portugueses que llegaron a Berisso plantaron viñedos de la variedad Vitis labrusca, con la que se logra un vino regional, sin conservantes ni aditivos, que se consume dentro del año, lográndose en sus versiones tinto, blanco y rosado”, señaló Aguiar, quien además de ser productor, es el vínculo entre el área rural local y la Comuna. “El Vino de la Costa es un producto local con identidad y culturalmente muy aceptado”, aseguró.
Sobre sus características, describió que “es un vino con mucho cuerpo; bien aromático; de bajo contenido de tanino, razón por la cual no es un producto de guarda, sino que debe consumirse al año y medio como máximo, sin poderse estacionar ni añejar en bodegas por tiempo prolongado; y en boca tiene un dejo arroblado, ácido y muy frutado”.
En definitiva, destacó que “básicamente se diferencia de otros vinos por su cuerpo y peculiar aroma”.

La Cooperativa logró recomponer el aparato productivo
Según remarcó Aguiar, con la creación de la Cooperativa, hace 11 años, con ayuda del Municipio y la Facultad de Ciencias Agrarias, fue posible recuperar los viñedos de las quintas, los conocimientos de manejo del cultivo y de elaboración del vino, recuperando y mejorando notoriamente la poca infraestructura existente en cuanto a caminos y canales para que la producción fuera factible y pudiera crecer.
Asimismo, agregó que “la Cooperativa también se transformó en un establecimiento elaborador, dándole valor agregado a la producción de uva que se cosecha en los viñedos, a través de la creación de una bodega”.
De esta manera, “se dejó de elaborar el vino en casas de los productores como se hacía antes, estandarizando la marca, elaboración, estilo del vino y envasado, reemplazando el llenado de envases particulares en boca de tonel”.

18 productores activos y un carácter social
Actualmente la Cooperativa de la Costa de Berisso está compuesta por 18 pequeños productores activos y un encargado de bodega, que producen anualmente unos 60.000 litros de vino, mientras que un 30-40% de la producción de uva se destina al mercado como fruta de mesa. “El porcentaje de destino varía según la economía del año, donde sea más conveniente vender la producción”, aclaró Aguiar.
Como toda cooperativa, tiene un carácter social, por lo que formó su propia cuadrilla de trabajo, cuyos operarios se van turnando para trabajar en las diferentes labores que requieren cada una de las distintas quintas. “En la temporada baja, de junio a noviembre, trabajan unas 20 personas, mientras que en temporada alta, el número asciende a 70”, informó el entrevistado. “Desde la Cooperativa siempre priorizamos mantener las fuentes de trabajo, ya que el envasado y etiquetado también se realiza en forma manual”, subrayó.
Además, señaló que “la mayoría de los trabajadores y la gente vinculada a la entidad son familiares de los productores, quedando en familia el ingreso por la producción”.

Zona húmeda: particularidades del manejo del viñedo
A diferencia de la región de Cuyo, donde el clima se caracteriza por su aridez, al estar Berisso situado una zona húmeda, el sistema de producción de la vid tiene sus particularidades. “Debido a la cercanía con el río de la Plata y su creciente, los viñedos siempre se plantan en las partes más altas del terreno, y su estructura hoy se realiza generalmente en espaldera, utilizándose tres o cuatro hilos de alambre con la producción en plano vertical”, explicó Aguiar. “El zanjeo que se realiza en los viñedos, cumple la función de retirar el agua durante las crecidas del río o las grandes lluvias, y no para regar como lo hacen las acequias, ya que aquí el agua sobra”, continuó.
Además, destacó que “en los extremos de los viñedos se utilizan sauces como postes vivos, que mejoran el sostén con sus raíces y evitan el rápido deterioro por la gran humedad del suelo”.
Los viñedos también son más demandantes en el tratamiento de plagas y enfermedades. “Se requirieren aplicaciones cada 15 días, aunque la gran mayoría de los productores son agroecológicos y utilizan diferentes recetas naturales que aplican desde hace muchos años, manteniendo las tradiciones de sus antepasados con controles naturales, económicos y efectivos”, afirmó el entrevistado. “Es muy común aplicar un caldo que consiste en una mezcla de cal e hidróxido de cobre”, ejemplificó.

Ciclo productivo y comercialización
– ¿Cómo se inicia el ciclo productivo del viñedo?
– Comienza con la poda en junio y julio; se eligen las mejores plantas para obtener material genético a través de estacas, realizando un estaquero. Al segundo año, las estacas se trasplantan a campo para conformar el viñedo, que será productivo a los cuatro o cinco años, eligiéndose siempre las partes más altas del terreno.
– ¿Cómo se realiza la plantación?
– Generalmente las plantas se disponen a una distancia de 2,5 metros entre sí, con una separación de 4 metros entre hileras.
– ¿Cuándo comienza la cosecha?
– Según el año, comienza a madurar a mediados de marzo o principios de abril, y a partir de ese momento comienza la cosecha, que se prolonga por varios días. En el Delta la maduración es algo más temprana, por lo que se cosecha antes y tiene otra logística, porque a la producción hay que transportarla en lancha al continente y luego en camión hasta la bodega, lo que requiere un poco más de tiempo.
– ¿Cuál es su potencial productivo?
– Cada planta (variedad Isabella), en su máxima producción, ofrece entre 5 y 10 kilos de uva, con un rendimiento de vino del 40%, o sea que por cada kilo de uva se obtienen 400 cm3 del producto final.
– ¿Cómo resulta su comercialización y rentabilidad?
– El año pasado la uva de mesa se vendió a unos 15-16 pesos el kilo, mientras que la botella de vino de 750 cm3 en bodega ronda los 35 pesos, remarcándose un 30% en la góndola, lográndose un buen precio y rentabilidad para el productor.

Luciano Venini

ENVIÁ TU COMENTARIO

Ingresá tu comentario
Por favor ingresá tu nombre aquí