Fertilización nitrogenada en maíz: ¿qué tener en cuenta para planificarla?

El manejo del nutriente es clave para la definición del rendimiento en el cultivo de maíz. Expertos dieron recomendaciones para hacer más eficiente su aplicación, en una jornada virtual de Aapresid.

fertilización nitrogenada
En general, para maíces de primera o segunda que vienen de antecesores como trigo o avena, la primera aplicación de N debería ser a la siembra.

Dentro de las claves para maximizar el potencial del cultivo de maíz los expertos creen que la nutrición balanceada es la herramienta más noble. Puntualmente, la fertilización nitrogenada es crucial para alcanzar los rindes deseados en maíz.

La forma, dosis y momento de aplicación del nutriente son aspectos cruciales a considerar para lograr una fertilización exitosa, que levante las brechas de rendimiento de un cultivo que potencia se producción gracias a la fertilización.

Forma y dosis

En nuestro país, la urea es la fuente de nitrógeno más utilizada, que usualmente se aplica esparcida en cobertura total con o sin incorporación. Andrés Grasso (Fertilizar AC) comentó que el maíz “si bien recibe un enorme input tecnológico, la dosis de N se sigue calculando con la vieja ecuación: kg objetivo – N disponible en suelo”.

Para dimensionar los requerimientos del cultivo, Aníbal Cerrudo (INTA) brinda números rápidos. Para seis toneladas de maíz son necesarios 120 kilos de N aproximadamente. El experto asegura que si se fertiliza de más en situaciones que no se puede capitalizar el excedente, el N que entra al sistema y no es tomado por el cultivo podría moverse en el suelo. Su destino serán las aguas subterráneas y/o emitir gases de efecto invernadero durante su metabolismo, provocando un impacto ambiental negativo.

En tanto, Nicolás Stahringer (Coordinador Red Nutrición Norte) y Diego Quintana (YARA) puntualizaron la necesidad de realizar análisis de suelo y calibraciones locales para ajustar la fertilización del nutriente, aunque esta recomendación se extiende a la nutrición balanceada en general.

Momento óptimo

Idealmente, la fertilización se debería realizar en los momentos de mayor demanda fisiológica del cultivo. Esto ocurre luego del estadío V5-V6 y se maximiza en torno a la floración. Además se debe tener en cuenta condiciones ambientales adecuadas, particularmente de humedad, para mejorar la absorción y eficiencia de uso del fertilizante.

Los especialistas alentaron a aprovechar las tecnologías disponibles de dosis variables de acuerdo a cómo viene la campaña.

Según Rafael López, del área de desarrollo de Dekalb, se está trabajan con algoritmos para aplicar N fraccionado. El 30% antes o cerca de la siembra, y el otro 70% ajustarlo en función de imágenes de índices de vegetación -NDBI- y hacer la aplicación lo más tarde que se pueda.

Aunque quisieran dilatar esa aplicación al inicio de la floración, las maquinarias actuales sólo permiten ingresar hasta V8-V9. Para híbridos nuevos, destacó la importancia de las fertilizaciones tardías para tener mayor impacto sobre el rendimiento.

Dosis variable

Los especialistas alentaron a aprovechar las tecnologías disponibles de dosis variables de acuerdo a cómo viene la campaña. En ese sentido, Esteban Novello (Pioneer) explicó que hay herramientas de precisión para hacer fertilizaciones por ambiente y manejos según densidad. “Esto tiene un impacto en no aplicar N de más cuando el año queda corto y cuando el año viene bueno poder capturar ese plus de ambiente”, señaló.

Ya sea que se opte por maximizar rendimientos en años o ambientes buenos, o se apunte a estrategias de plasticidad del cultivo -en años malos o ambientes marginales-, la buena nutrición es fundamental para poder tener buenos resultados.

En general, para maíces de primera o segunda que vienen de antecesores como trigo o avena, la primera aplicación de N debería ser a la siembra. Mientras que en maíces tardíos o de segunda sobre legumbres se puede retrasar la fertilización a la post emergencia.

A pesar de los mayores costos que suponen las aplicaciones particionadas, las proyecciones de precios internacionales competitivos. El clima neutro favorable esperado para la próxima campaña y las tecnología disponible, dan cuerda floja para considerar la estrategia dentro de las decisiones de fertilización. (Fuente: Aapresid)

El ABC Rural