EE. UU. – China: ¿una crisis interminable?

A medida que van pasando los días, la crisis entre los dos gigantes del mundo se agrava momento a momento, en vez de ir en vías de solución. Notablemente, EE.UU. hace todo lo posible para estancar las negociaciones, imponiendo o subiendo aranceles a los productos orientales que, hasta el momento, no sufrían este gravamen. En tanto, los funcionarios chinos, toman revancha con una velocidad poco habitual en ellos, dejando de comprar productos norteamericanos, y también modificando aranceles de importación de productos de la potencia del norte de América.

Y así pasan los días, y las semanas, con hechos concretos y no tan solo bravuconadas verbales (las cuales son muy habituales por parte del presidente Donald Trump). Cabe destacar, que China tiene un poco de culpa en todo este diferendo. Luego de la reunión del G20 en Argentina, cuando ambas naciones habían manifestado un acuerdo para comenzar a delinear resoluciones definitivas a estas negociaciones, el gigante asiático aletargó fuertemente el avance de estas tratativas, entendiendo el mundo, que lo hacían adrede. Y lógicamente, así lo entendió el presidente Trump y fue lo que provocó esta nueva escalada del conflicto.

Muchos tenemos la sensación que es un diferendo que puede durar largo tiempo, especialmente si consideramos que EE.UU. se encuentra inmerso en una bonanza económica poco común, con una tasa de desempleo que es la más baja de su historia, con muy buenos ingresos per cápita de los trabajadores, excelente nivel de consumo interno, balances prácticamente impecables de las empresas norteamericanas y una sensación de optimismo del pueblo de aquel país.

Viéndolo a la distancia, podríamos indicar, que desde que Trump se pelea con China, EE.UU. obtiene una mejora en su economía, no vista desde hace muchos años.
Pero debemos considerar, que en el mundo hay muchos más países que comercializan de todo, y que semejante escalada bélica económica, está haciendo mella en todos los habitantes de este orbe.

Con la lucha de poderes y estancamiento en las negociaciones, la reacción de los mercados es de sencilla estimación. Ante la baja del comercio internacional, con posible menor demanda, comienzan a bajar los valores de los commodities, del petróleo y sube la cotización del dólar. Y estos movimientos pegan fuerte al sector agropecuario internacional. Especialmente en los países productores exportadores.

Con la baja del comercio internacional, caen los valores de los comodities, del petróleo y sube la cotización del dólar. Estos movimientos pegan fuerte al sector agropecuario internacional. Especialmente en los países productores exportadores.

Con las menores ventas de soja y subproductos a China, los valores han bajado en los mercados norteamericanos. Y también lo han hecho en Brasil y Argentina, posibles vendedores de esos productos, que China ya no compraría a EE.UU.

Pero debemos destacar, que esta vez, cuando bajaron los precios en Chicago, bajaron en nuestro país, pero no en la misma magnitud. Bajaron algo menos. Y esto está ocurriendo, porque comenzó el “divorcio” de precios que muchos esperábamos ocurriera. La Argentina tiene mucho grano por vender. Con una excelente cosecha de maíz y muy buena zafra de soja, nuestro país tiene oferta abundante como para abastecer a varios países compradores. Pero esta volatilidad en los precios de los comodities, no beneficia exactamente a los productores agropecuarios.

Los pesimistas, manifiestan que esta crisis apareció para quedarse, y que estaremos un tiempo largo, con estas idas y vueltas con lentas y tediosas negociaciones.

Los optimistas dicen que en cualquier momento, aparecerá un tweet de Trump, contando que rápidamente se llegó a un principio de acuerdo y que las cosas están encaminadas hacia un final feliz.

Para este último caso, nuestra opinión bien chacarera es: “Difícil que el chancho vuele”.

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