Desafíos sanitarios a enfrentar en soja y maíz

De acuerdo a la cátedra de Sanidad Vegetal Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias de Rosario, esta campaña el productor deberá  enfrentar desafíos sanitarios en soja y maíz que deben analizarse de antemano.

Vale la pena recordar que los patógenos de semilla y de suelo son el primer desafío en enfrentar, con una adecuada rotación de cultivos, un correcto tratamiento de semilla a partir de los análisis de sanidad que nos indiquen qué calidad y que carga de patógenos está portando esa simiente, ya que el stand de plantas se puede ver muy comprometido si hay una intensidad importante de dumping-off y la posibilidad de patógenos como Phytophthora spp., Fusarium spp., Rhizoctonia spp., o Pythium spp.

Pero otro desafío son las enfermedades de fin de ciclo (EFC) que son un grupo de patologías foliares, que progresan en los estadíos reproductivos, ocasionando amarillamiento, pérdida de flores y/o vainas, disminución del llenado de granos, necrosis en hojas y hasta defoliación.

Enfermedades de Fin de Ciclo en soja

Hay un período del cultivo en que las EFC incrementan su nivel en forma exponencial, entre finales de floración (R2), formación de vainas (R3), y hasta mitad de llenado de granos (R5.2).

Además desde el punto de vista fisiológico la planta está necesitando toda su energía para la reproducción, y cualquier intervención de un patógeno le generará un “gasto extra” que no puede compensar fácilmente.

A lo largo de los años de experiencia vemos reiteradamente como la eficiencia de un fungicida está altamente ligada a una buena aplicación.

Esta “correcta aplicación” no es sólo por buen uso de la tecnología (hora, velocidad, tamaño de gotas, etc.) sino por realizar la protección química en el correcto sentido del término, es decir, “colocando una barrera entre patógeno y hospedante”.

Efectivamente cuando el progreso de un patógeno se hace exponencial la eficiencia de un fungicida es menor que cuando se aplica al comienzo de una infección.

Por eso muy importante utilizar el monitoreo como herramienta previa al uso de fungicidas, revisando periódicamente los lotes y evaluando cómo va progresando el nivel de las enfermedades dentro del mismo.

A tener en cuenta

Dentro de las enfermedades foliares más conocidas están la “mancha marrón” (Septoria glycines) y la mancha en ojo de rana (Cercospora sojina) que en algunos cultivares de ciclo corto comparten estrato medio y bajo del cultivo.

En este nuevo ciclo agrícola se suma la aparición de síntomas diferentes en el tizón foliar (Cercospora kikuchii) que dificultan su buen diagnóstico y por lo tanto complican las decisiones de manejo de este patógeno.

Recordamos que el síntoma típico es un bronceado en el estrato superior acompañado de encrespamiento del foliolo.

El fitopatólogo Marcelo Carmona (Fauba) advirtió este año que aumentó la intensidad de algunas patologías en la Región Pampeana y se observaron síntomas en los cultivos que generalmente se relacionan con la Mancha Marrón, pero que al analizarlos en el laboratorio resultaron ser generadas por Cercospora spp.

Esta situación se repitió también en la región central de Santa Fe y se pudo confirmar en algunos cultivares de GM VII y VIII.

Otras patologías a tener en cuenta en la próxima campaña agrícola son la mancha anillada (Corynespora casiicola) que presenta lesiones circulares en forma de “blanco de tiro” en hojas y que es una enfermedad típica del NOA, pero se la ha detectado en la zona sojera con intensidad progresiva.

Y completando el panorama de patógenos debemos mencionar a las bacterias ya que este año desde Santa Fe nuestro equipo ha trabajado mucho en conjunto con el laboratorio de Fitopatología de la Universidad Católica de Córdoba (UCC) en el diagnóstico de bacteriosis.

Maíz, con más fuerza

Las mermas ocasionadas en los rendimientos, a causa de las enfermedades, resultan debido a la interferencia de los distintos patógenos en los diferentes procesos involucrados en la producción y partición de biomasa en el cultivo.

Por lo tanto el objetivo principal del control de las enfermedades del maíz es destruir la combinación de los factores necesarios para su aparición y esto solo puede lograrse conociendo los síntomas que nos anuncian la presencia de un microorganismo, los ciclos de la enfermedad, las partes vegetales involucradas y la diseminación o propagación.

La roya común es una enfermedad ampliamente difundida en la zona maicera, afectando al cultivo desde estados vegetativos.

El patógeno es un hongo (Puccinia sorghi) que necesita de los tejidos vivos de la planta de maíz para desarrollarse y que presenta más de un ciclo durante la estación del cultivo, dependiendo la cantidad de ciclos de las condiciones ambientales predisponentes, (temperaturas de 16ºC a 23ºC y mojado foliar).

El signo son pústulas alargadas u ovales, de color castaño-rojizo, en ambos lados de la hoja, y en las vainas. En la zona NEA de Argentina (Corrientes, Chaco, Norte de Entre Ríos y Santa Fe) también hay presencia de roya sureña (Puccinia polysora).

Esta se ve favorecida por temperaturas más elevadas (27ºC-30°C). Las pústulas aparecen con mayor preponderancia en la superficie superior de la hoja, siendo más chicas que las de la roya común y numerosas. (Datos: Informe FCA-UNR)

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