De la tecnología agrícola al quinto satélite en órbita…

Las especies autógamas generan potencial semilla en el mismo acto de la producción del grano. Tal es el caso de los cereales (avena, cebada, trigo, centeno, soja), las legumbres (arvejas amarillas, arvejas verdes, porotos, entre otras), los cultivos industriales (colza, soja, quinoa, algodón) que durante cien años han ido naufragando en su desarrollo de tecnología a merced del control oficial argentino de la propiedad intelectual.

En ese recorrido centenario, podemos destacar que se creó el Instituto Fitotécnico Santa Catalina en 1928; las chacras Experimentales; el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y los Centros de Investigación del Conicet, pero el desarrollo se ha visto permanentemente coartado, desmantelando emprendimientos de investigación, desarrollo, producción y comercialización tanto públicos como privados.

Es así que, para una de las industrias nacionales más adecuadas a nuestra estrategia competitiva, el pasado es fecundo y ha tenido a obtentores como Enrique Klein en trigo en 1917 y avena en 1924; VA Rigoni en maní; Burkart en alfalfa; Kreibohm de la Vega y Winters en algodón en 1923; José Buck, G. Tomé, H. Giordano, Amos o Brunini, entre otros y sin ánimos de hacer listas sino de ejemplificar que la iniciativa de emprender nace en hombres y actualmente en equipos de alto valor técnico y científico.

Un largo proceso de investigación y creación

El proceso tecnológico de caracterizar una colección de germoplasma, diseñar los cruzamientos para incrementar el comportamiento de rendimiento y calidad, efectuar el proceso de selección, evaluar a lo largo de múltiples regiones del país, evaluar las nuevas obtenciones contra las existentes, registrar bajo estrictos controles de identificación de la propiedad, caracterizar genéticamente las obtenciones, tecnológicamente los ambientes, generar un sistema de producción respetando los estándares de pureza y calidad es, junto a otros pasos adicionales, el que otorga derechos patrimoniales y morales que deben ser efectivamente protegidos por el Estado a su autor.

Los obtentores de variedades de avena, trigo, cebada, centeno, cebadilla criolla, festuca, alfalfa, tréboles, soja, maní, lolium, moha o algodón, entre tantos otros, son los dueños de las obtenciones registradas y éstas son el producto tangible de un largo proceso de investigación y creación.

El Instituto Nacional de Semillas (Inase) desempeña en el ámbito de sus funciones de preservación de la propiedad intelectual y recursos fitogenéticos, la representación ante organismos dedicados a la protección de las obtenciones vegetales como la UPOV. De igual modo mediante el Registro de Usuarios de Semilla, obtiene información sobre el origen de la semilla que se siembra en Argentina a partir de la declaración de los agricultores y con información obtenida sobre el producto cosechado; todo ello con el indelegable rol de combatir el mercado ilegal y hacer cumplir la ley de semillas ejerciendo el poder de policía.

Si efectivamente reconocemos que el respeto a la propiedad intelectual y la tutela jurídica del mismo constituyen uno de los aspectos esenciales del progreso socioeconómico y cultural de toda sociedad civilizada, en estos días nos encontramos ante un nuevo escalón por superar como sociedad en un ámbito en el que somos estratégicamente competitivos. Más aún cuando es el mismo Estado a través de universidades, institutos, centros de investigación y convenios internacionales, quien promueve y financia el desarrollo de obras, obtenciones y productos de alto valor intelectual.

El desarrollo tecnológico, desprotegido

El desarrollo de la ciencia, la economía y la tecnología depende en gran medida de la existencia de un régimen de protección a los esfuerzos creativos, construido con la finalidad de generar incentivos a la innovación, y del acceso a las nuevas creaciones y su efectivo aprovechamiento. (1)

Cultivares de alto potencial que pueden ser producidos en forma orgánica y con niveles altos de producción no son liberados al mercado por los obtentores por no ser reconocido su derecho patrimonial en Argentina.

Variedades de alto valor nutricional, de calidad diferenciada, de alto rendimiento industrial encuentran tierra yerma para su lanzamiento y producción. Esos desarrollos son simplemente censurados por una imposibilidad de mantenerse la tutela jurídica de los derechos a sus obtentores.

Nuevos proyectos de investigación y desarrollo que involucran incorporación de compatriotas de elevadísimo nivel técnico son abandonados y la industria de la semilla se resiente una vez más.

Desarrollo de propios institutos de investigación, financiados con los recursos públicos no ven la luz por no poder ser garantizados los derechos de los obtentores, que en suma somos todos los argentinos.

Inversiones en infraestructura, plantas de procesamiento, sistema de clasificación y selección de semillas que originan un producto superior, áreas de producción con demanda de mano de obra calificada, transporte y logística asociada a la materia prima del proceso y al producto final, comerciales, desarrollistas, promotores, vendedores, sucursales, camionetas, camiones, eventos, ferias, empresas de mantenimiento, de imágenes satelitales, de agricultura de precisión,  emprendimientos de energía asociados, movimiento, en suma, movimiento devenido de las reglas de una sociedad del conocimiento.

Hoy 8 de octubre de 2018 podemos leer en las noticias: ”Esto no es solamente una comprobación más de la enorme capacidad del sistema científico-tecnológico argentino, sino también una clara señal para el futuro del país. Un futuro en el que la ciencia, la tecnología y las empresas de base tecnológica van a contribuir efectivamente a la economía del país generando empleo de calidad”, destacó (Lino) Barañao, desde la base aérea norteamericana donde se realizó el lanzamiento del satélite Saocom 1A.

Ingeniero agrónomo MSc. Nicolás Gear

Director de Proyectos – GEAR S.A.

(1).Universidad Externado de Colombia, Hoja de Ruta de la Propiedad Industrial.  http://190.7.110.123/pdf/2_propiedadIntelectual/2012/09/Documento-SIC.pdf

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