Cultivo de avellano, un fruto seco con buen potencial productivo

El cultivo de avellanos se potencia en la Argentina y el mundo por sus cualidades nutricionales. Los productores lo saben y apuntan a una mayor productividad. La importancia de la poda, su cuidado hídrico y su manejo nutricional, son algunas de las cualidades a tener en cuenta para lograr una temporada exitosa.

Cultivo de avellano
Con crecimientos anuales superiores a los 20 centímetros por brote, se logran volúmenes de cosecha entre los 2 mil y 2.500 kilos de avellanas por hectárea.

Se trata de una especie arbustiva de la familia de las betuláceas, de ramas fuertes y flexibles, copa extendida e irregular, corteza lisa y pardo grisácea.

Es originario de las regiones templadas de Asia, Europa y América del Norte. El avellano llegó a la Argentina de la mano de los inmigrantes. En la actualidad, el Valle Inferior del Río Negro se destaca por ser la principal zona productora del país de uno de los frutos secos menos difundidos entre los consumidores.

Como característica del cultivar, las hojas son redondeadas y simples, con márgenes aserrados y pilosas en el envés. El avellano presenta particularidades de interés.

Su adaptación al clima

Se adapta a las temperaturas de otoño e invierno durante la floración y polinización. Es un cultivo que no requiere estructuras de apoyo, presenta mayor simplicidad en la conducción y poda, y no requiere raleo de frutos.

Además, no advierte problemas sanitarios significativos. Satisface sus requerimientos de horas de frío. Por el lado del riesgo de daño por granizo prácticamente es menor.

Para Silvia Gallo –especialista en fruticultura del INTA Valle Inferior en Río Negro– resulta “clave” para mejorar la productividad del avellano, realizar podas invernales y de producción, así como llevar adelante un adecuado manejo hídrico y nutricional.

La importancia de la poda

Para tener una elevada productividad, los especialistas creen que esta especie necesita alcanzar crecimientos anuales entre los 15 y 40 centímetros. Si esto no sucede, los brotes son débiles y prácticamente estériles, lo que disminuye sensiblemente la producción de frutos.

“Como resultado, se maximiza el potencial productivo en plantaciones adultas de avellano, con crecimientos anuales superiores a los 20 centímetros por brote y se logran volúmenes de cosecha entre los 2 mil y 2.500 kilos por hectárea”, sentenció Gallo.

Cultivo de avellano
Se poliniza sólo por el viento y su floración ocurre durante el período invernal. En la zona del Valle Inferior del Río Negro, la cosecha se inicia a mediados de febrero.

Este frutal se destaca por tener la particularidad de presentar flores masculinas y femeninas separadas en un mismo árbol, pero no pueden polinizarse entre sí. Por este motivo, al momento de proyectar una plantación, se requiere de una cuidadosa elección de variedades (principal y polinizadoras) que sean compatibles y coincidan en su período de floración.

Una especie fructífera

El avellano es una especie que produce bien en climas moderados, con una pluviometría superior a 800 milímetros y humedades relativas elevadas, con gran sensibilidad al déficit hídrico. Se adapta a distintos tipos de suelo y no tolera terrenos con dificultades de drenaje.

Esta especie fructifica sobre la madera de un año y su crecimiento vegetativo anual es un factor de producción determinante. Por esa razón, es necesario considerar que, si no se poda es probable que se desencadenen situaciones no deseadas. Entre ellas la falta de renovación de la madera frutal, una progresiva reducción del vigor de los brotes, el aumento las ramas secas y una reducción de la cantidad de yemas florales que impacten en los rendimientos.

El ABC Rural