Cuentos y relatos: Navidad en el campo

Mi arbolito de Navidad, lo armaba con una rama de ciprés de la tapera vecina, que cortaba para luego plantar en una lata, dos días antes, más no, porque se marchitaba muy rápido.

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Si bien me pone feliz tener mis historias guardadas, también me enojo con mi memoria por no recordar cada detalle de las cosas vividas ¡El campo, sostén de nuestras miradas!

La Navidad, para mí, era embriaguez, porque la alegría, y el entusiasmo de los preparativos me hacía comportar como “borrachita”, decía mi papá.

Mi arbolito de Navidad, lo armaba con una rama de ciprés de la tapera vecina, que cortaba para luego plantar en una lata, dos días antes, más no, porque se marchitaba muy rápido.

Los adornos eran los mismos frutos del ciprés y cajas de fósforos “Ranchera” forradas con papeles brillantes que iba pidiendo con tiempo entre los fumadores de la familia. El paquete de cigarrillos tenía en su interior papel dorado o plateado.

Ese era mi bello árbol de Navidad, y así salíamos de la rutina diaria y la convertíamos en la expectativa de que no faltara nada. Mis cinco sentidos se convertían en un torbellino de ideas, cuando veía a papá y mamá, felices con los preparativos. ¡Qué alucinante ver como envolvían el lechón asado para llevarlo a la casa de mis abuelos (que ya vivían en Pergamino). No recuerdo el fuego, tampoco la parrilla, pero sí ese aroma inconfundible.

Yo, preparaba un ramo de flores de nuestro jardín, para mi tía, hermana de papá; le encantaban; coqueta ella, siempre me contaba lindas cosas de la ciudad.

El lechón se ponía en la baulera del colectivo, pero yo con mis flores molestaba bastante. Recuerdo que casi siempre viajábamos parados, era el único medio, si no llovía. Nos reuníamos solo en Navidad, la Noche Buena era complicado por el trabajo de campo, pero cada uno, estoy segura, llevaba el sentimiento de la Navidad en su corazón.

Para fin de año era casi lo mismo, pero esa vez, los abuelos venían a casa. Recuerdo con qu{e alegría los esperaba, parada en la tranquera, y al verlos llegar iba a su encuentro corriendo. Papá, unos días antes le preguntaba al abuelo que quería comer. A veces era pato cocido en el horno de la cocina a leña (económica), otras, lechón, o pollo. Para esa ocasión se compraba sidra y cerveza negra.

El ritmo de mi corazón se acelera cuando lo recuerdo, todo el día la familia reunida. El afecto era la razón principal de esa felicidad.

Hoy las cosas son diferentes y eso nos hace recordar con nostalgia lo vivido.

Norma Morell (normamorell@hotmail.com)