Cuentos y relatos: El soquete

CUENTOS Y RELATOS

-Contame ese sueño, Ramón…

-No lo recuerdo. Bah…sí, recuerdo haberme despertado a la madrugada pensando que lo que había soñado era muy revelador pero a la mañana, no me acuerdo de nada.

– Llevate una libretita a la mesa de luz. Con una lapicera. Anotá todo mientras esté fresco. Te vas a sorprender…

Hay una lechuza parada en la rama del árbol. Me mira. No sé qué me dice pero le entiendo todo.

La perra está triste, lo sé porque tiene la cola ladeada hacia la izquierda.

Me ahogo con los gritos que no salen.

Las escaleras siempre suben.

Viento en la cara.

Caída libre.

Todas las medias guachas están escondidas dentro de las rejillas de ventilación de las paredes. Las rejillas que están a ras de piso. A las de arriba, las que están junto al cielorraso no pueden llegar. Sería muy loco que las medias pudieran volar. En fin, desde dentro del muro y a través de las rendijas de las rejillas rastreras, las medias nos miran. Y se cagan de la risa cuando revolvemos el lavarropas buscándolas. Cuando armamos la pila prolija de pares y dejamos de lado la que está sola. Apestada. Incompleta. Esperando a su par. Ese que nunca llegará. Todos sabemos que nunca volverá. El escondite de las medias guachas deber ser glorioso. Como debe ser el cielo. Porque, como los muertos, las medias que se van nunca vuelven.

Algunas, la mayoría (los motivos de las otras no los sé), se van por venganza y condenan a sus pares a estar apartadas durante días o meses en el estante de las medias que esperan. Y todos sabemos que el estante de las medias que esperan pareja, es la antesala del tacho de basura. Algo habrán hecho… No puedo imaginarme los motivos que tienen las de la rejilla para urdir esa maléfica estrategia. Aunque pensándolo bien, sí puedo.

Puedo verlas enroscadas con otras que no son su pareja aprovechando el revoleo del lavarropas. Infieles danzando en el agua. Escondiéndose entre las sábanas. La media con el soquete. ¿Qué le habrá visto? Nadie puede soportar tanta humillación. Se ve que las medias tampoco y algunas simplemente se van.    

Cuando sonó el despertador, como todas las mañanas, repasó su libreta. Había tomado el hábito de mirarla antes que a su celular, lo cual era todo un logro. Le divirtió lo que había escrito, pero dudaba si había sido un sueño o producto de esos pensamientos locos que quedan atrapados en la telaraña que se teje entre la vigilia y el sueño.

Se levantó y en su camino hacia el baño alcanzó a ver de reojo la media que estaba hace semanas en el estante de las medias guachas. Volvió sobre sus pasos y decidió ponerle fin al castigo. Todos tenemos derecho a ser perdonados.  Y se la puso. Después abrió el cajón de las medias con pareja y lo miró detenidamente. Uno a uno repasó todos los pares hasta que no le quedaran dudas. Sí. Tenía que ser ese soquete. Con rayas azules, grises y naranjas. ¡Qué atrevido!

Ya en su trabajo se sentó en el sillón y cruzó las piernas. Las medias desparejas quedaron a la vista. Una media gris, de nylon muy finito y con algunos tímidos destellos de brillos perlados. El otro, un arrogante soquete de algodón rayado. La extraña pareja quedó a la altura de los ojos de su paciente que desde el diván le clavó la mirada con preocupación y sin disimular.

Ella miró para abajo, hacia sus propios pies, y sonrió.

-Es una larga historia de amores prohibidos- le dijo. Y ante la mirada desconcertada del hombre, giró la cabeza hacia la rejilla de ventilación que estaba junto al zócalo y le hizo FUCK YOU.

Se llevó las manos al pelo, con un rápido ademán se hizo un rodete y lo fijó con su lapicera. Todo esto mirándolo fijamente y en silencio. Un buen rato, el silencio…

Hasta que le dijo:

-Contame ese sueño, Ramón…

-No lo recuerdo. Bah…sí recuerdo haberme despertado a la madrugada pensando que lo que había soñado era muy revelador pero a la mañana, no me acuerdo de nada.

– Llevate una libretita a la mesa de luz. Con una lapicera. Anotá todo mientras esté fresco. Te vas a sorprender…

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