Cuentos y relatos: El silbido

CUENTOS Y RELATOS

Alguien viajaría a la ciudad y, desde luego, siempre había un encargue, llevar un paquete, pero el paquete quedó en la casa y al darme cuenta del olvido salí corriendo detrás del viajero, llamé, con voz fuerte, la más fuerte que poseo, pero aun así no alcanzó para que me escuchara. Entonces ahí recordé y me pregunté ¿Qué fue del silbido, tan presente en el campo, para tantas cosas?.

Varias formas de silbar, recuerdo algunas, la común, otra donde se ponían el dedo índice y meñique en la boca, pero creo que el más fuerte era con el labio inferior en forma de cucharita, lo estiraban un poco con dos dedos, pulgar e índice, silbido fuerte si lo había, toda una destreza.

Recuerdo cuando mi padre o mi hermano hacían tareas, siempre silbaban una tonada de sus temas preferidos, o simplemente lo hacían por costumbre, la cosa era silbar. Cuando trabajaban en lotes cercanos a la casa, con un silbido significaba la hora del desayuno, luego la hora del almuerzo, la de merienda muy respetado esos horarios por ellos.

Hasta a nosotros los niños, cuando había que dejar de jugar porque ya era hora de prepararse para la cena, porque había que levantarse temprano para la escuela o para trabajar, todo era con un silbido.  Recuerdo también si se armaba alguna “trifulca”, que nunca faltaba, en especial entre los varones jugando al futbol en el potrero, los mayores les llamaban la atención con un silbido.

El del peregrino acompañado con su propia melodía.  Se les ordenaba a los caballos en las tareas de arar o sembrar, cuando debían tirar parejos; o se llamaba a los perros o los arrieros ordenaban el ganado cuando alguno de ellos, un poco desobediente, se alejaba de la tropa. Y también recuerdo algo muy bonito cuando usaban el silbido a modo de piropo.

Pero lo que más viene a mi recuerdo era el silbido suave de alguna canción, que casi siempre mi padre repetía.

Norma Morell (Arroyo Dulce)

(normamorell@hotmail.com)

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