Cuentos y relatos: El cuartito

Cuentos y relatos

El cuartito

Los terrenos de mi infancia no fueron fértiles. No fueron praderas, ni árboles, ni pasto. Ni siquiera fueron de tierra. Los pisos que pisaron mis zapatillas, mis sneakers, mis sandalias blancas con hebilla, fueron fríos y sucios. O demasiado limpios. Madera, mosaicos. Cemento cuarteado. Veredas de vainillas. Terrazas con membranas de aluminio.

Jugué a la payana, a la escondida, a la mancha, al elástico y a la maestra. A la mamá. Jugué con las cubeteras en el piso de parquet: cada cubo era el asiento de un colectivo que paseaba las piezas de ajedrez de mi papá. Los niños eran los peones, los alfiles eran adolescentes y el rey y la reina, obviamente, los padres.

No puedo olvidar la bicicleta ni los patines. La adrenalina de la velocidad y el viento en la cara. El globo rojo atado al piolín que sacaba a pasear por la vereda todas las mañanas y que solo yo sabía que en realidad era mi perrito imaginario.

Recuerdo la devoción con la que me entregaba a cada uno de esos juegos solitarios. Pero también recuerdo, no tanto por las imágenes sino por las sensaciones, que mi lugar favorito era el cuartito que estaba a mitad de camino entre el patio y la terraza.  Ese espacio sin tiempo se ofrecía misterioso, suspendido entre el cielo y la tierra y era solo mío. Y yo ahí, feliz. Sola.

En la terraza mi mamá tendía la ropa y había mucho cielo, demasiado. Abajo todo era el ir y venir de las rutinas que los grandes creen tan necesarias. Vivíamos en una casa antigua en la que también funcionaba el negocio de mi papá y el trabajo atravesaba cada uno de los rincones de nuestro hogar.

Era muy difícil anclar… Pero en el medio de estas dos realidades tan distintas, silencio y luz en la terraza y oscuridad y trajín en la planta baja, levitaba este lugar inexistente. Este portal desde el que yo accedía a una realidad suspendida.

La escalera se derramaba zigzagueante desde el techo hasta el patio de la planta baja y a mitad de camino estaba mi paraíso. Un cuartucho que olía a pis de gato, sin ventanas y con solo una puerta en ochava de celosías de hierro oxidadas que no cerraban, pero se abrían para mí.

Yo sabía levantar apenas la mitad derecha para liberar la presión que las baldosas opacas y enclenques ejercían sobre ella. De puro celosas. O tal vez porque querían resaltar el misterio de ese espacio olvidado que los gatos de las terrazas usaban para dormir. De vez en cuando saltaba alguno y salía espantado ante la intrusa.

Y yo que sentía pánico por esos bichos salvajes, que siempre había tenido la fantasía horrorosa de que me saltaran encima y me atacaran, aun así, elegía correr el riesgo y me metía en su cueva. Como si entre nosotros, los gatos y yo, hubiera habido una lucha silenciosa por la posesión de aquel lugar. Ganaron ellos, claro. Yo crecí.

Lo recuerdo por el olor, la semipenumbra y la intimidad. Y por los papeles. Millones de talonarios en desuso, algunos en blanco y otros con la impronta elegante de la letra de mi papá. Me recuerdo sentada en el medio de esa decrepitud, de frente a la puerta entreabierta, jugando a cualquier cosa que tuviera que ver con escribir en esos talonarios.

Sintiéndome misteriosa y aventurera por habitar este lugar que acechaba con olores, mugres y riesgos de todo tipo, que valían la pena tan solo por saberme sola en mi refugio.

Me gusta verme así, plantada ante el peligro, el misterio y la suciedad. Habitando espacios que no me pertenecen. Sintiéndome extraña y a la vez tan a gusto en algunas cuevas que no fueron hechas para disfrutar.

Y hoy que me siento cómoda en esta cuarentena, que no extraño nada, que estoy como aliviada, es inevitable replantearme por qué. Y busco en las veredas, en las calles, en los campos que recorrí, las razones para no extrañarlos.

Busco el rechazo en los bocinazos que me aturdieron. Busco culpables que hayan hartado mi vida aún sin que yo lo sepa. Busco malvados y demandantes. Busco hipócritas y sabihondos.

Busco culpables y no los encuentro.

Solo veo a la niña en su cuartito.

Rosy Nardi

 

 

 

 

 

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