Cuentos y relatos: Almas perdidas

Amaneceres soleados, frescos, especiales para buenas caminatas. ¡A respirar profundo y disfrutar!

CUENTOS Y RELATOS

Amaneceres soleados, frescos, especiales para buenas caminatas. ¡A respirar profundo y disfrutar! Todas las mañanas, Diana repetía ese lema. Caminaba alrededor de una hora, hora y media, según su ánimo, siempre sola. Ese sendero solitario era como un imán para ella. Su madre, quedaba intranquila, porque tenía algunos recuerdos que de sólo pensarlos le causaban temblor.

Nunca se lo había comentado a su hija, por no disgustarla; entonces, sentada en un sillón bajo la galería, la esperaba en silencio. Sus ojos se llenaban de luz cuando la veía aparecer y feliz corría a prepararle el desayuno. Todos los días, era como un ritual. Una mañana, Diana cambió su equipo blanco habitual, por otro, de color negro; contenta y coqueta salió como todos los días.

El cielo no pintaba lindo, unas nubes cargadas se mostraban amenazantes y de vez en vez escuchaba rugidos que la paralizaban, pero cuando pensaba en volver se decía – si es lluvia, me mojaré…. qué otra cosa puede pasarme… Siguió trotando y al llegar a la mitad del camino vio como una niebla oscura había bajado casi hasta el suelo obstaculizando la visión. Por momentos le parecía que la nube la acosaba. En segundos sus pensamientos se agolparon.

Una sensación de peligro parecía alertarla ¿Convenía cruzar? Un rugido cada vez más fuerte la paralizó, ya no se parecía para nada a un simple trueno. Decidió volver, miró hacia atrás, vio que la “nube” la seguía. Tuvo miedo. Sintió su cuerpo mojado por la nube que se iba expandiendo. Sus piernas no le respondían y su figura iba perdiendo el contorno; horrorizada miró sus manos y no estaban. ¡Se desvanecía poco a poco!… hasta que perdió el sentido, sumergida en la extraña niebla.

Su madre esperaba en la galería, miraba pasar los minutos – ¿y Diana? – Se preguntaba angustiada ¡Oh Dios mío! – ¡Que nada malo le haya sucedido,  exclamó, mientras una nube se dirigía hacia ella. Miró al cielo, estaba limpio. ¡Oh, volvió, como hace años, volvió! ¡Con mi Diana no!… y penetró en la niebla, pero Diana no estaba, sólo vio su equipo negro.

Salió de inmediato y corriendo cruzó la galería, entró a la casa, cerró la puerta y vio como la “tormenta” se desplomaba dejando en el piso un montoncito de cenizas ¿y el equipo negro?… Sumida en el desconsuelo, lloró. Venderé el lugar –se decía- no volveré a pasar por ese calvario de años anteriores, nuevamente me encerrarán como enferma mental.

De repente percibió un movimiento y volteó la cabeza. Diana estaba desayunando como de costumbre, vestida con su equipo negro. La madre, confundida salió hacia la galería, las cenizas ya no estaban, y el cielo nuevamente cubierto de nubarrones. Temblando aun, se acercó a Diana, que se comportaba como si nada hubiese ocurrido. –mañana saldré yo, hija, y tú me esperarás con el desayuno… ¿Qué te parece? Diana miró a su madre y respondió – ¡pero mamá, yo estoy acostumbrada a salir a caminar todos los 10 días!…–

Evidentemente no recuerda lo sucedido – pensó en voz alta su madre. A la mañana siguiente, no despertó a Diana y con un equipo oscuro, muy parecido al de su hija salió a caminar. Se alejó bastante. La mañana, diáfana, no mostraba indicios de nada preocupante. – ¿estaré loca?, –se preguntaba.

Mientras emprendía el regreso, no conseguía alejar de su recuerdo como había desaparecido su esposo, años atrás, y los comentarios de la gente. – Seguro se lo llevó algún alma perdida que al no encontrar la luz para seguir su camino, bajó a buscar un cuerpo para seguir viviendo en él y así buscar la paz y el perdón por sus pecados, ¡porque son almas oscuras! ¿vio?.

Trató de no pensar en todo eso que tanto la atormentaba. Al llegar cruzó la galería, entró cerrando la puerta tras de sí con un ademán de ahuyentar los malos espíritus y persignándose. – Me prepararé el desayuno –dijo en voz alta… Pero la mesa estaba ocupada, cubierta de “nubes”… y un equipo negro desayunando…

Norma Ester Morell – Arroyo Dulce (Bs. As)

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Segundo Premio Concurso Literario “Relatos Asombrosos IX”.