Cuentos y relatos: Actitud

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Ayer, o mucho más allá del ayer, me dijeron que la luna era de plata. Que si me ponía una tela fina delante de los ojos, vería claramente la nariz, la boca, los ojos de ella, y yo corría hasta el campo para poder descubrirla sin que ninguna rama se cruzara ante mí.

¡Y la veía, sí, la veía y eso me hacía tan feliz! Y disfruté de cada momento. También me decían en ese ayer, que cuando el cielo se ponía bien azul era porque estaba radiante de alegría. Entonces yo corría mirando hacia arriba y le hablaba ¡cielo maravilloso! Y con tantos ayeres, y sin que nadie me diga algo para soñar, ahora sin preguntas, los ojos me dicen la verdad.

Adulta, corro de la mano de mi nieto y somos los dueños de ese trigal donde nos tiramos. ¡Qué placer! Vivir a fondo es mi meta, la Naturaleza lo permite. Mis viajes al campo con caminos de tierra, descalza cuando se puede y ahora, como un desconocido con corona nos ordena no salir, yo me preparo para soñar, imaginar. Siempre pensé, el poder obliga y uno obedece.

¿Pero sabe qué, poderoso? A mí no me alcanza su autoridad.  Sí, me quedo en mi hogar, pero miro por la ventana y los pájaros se acercan aleteando para entrar. Y la lluvia que es bendita entra por un agujero de mi rancho; entonces siento que entra para bendecir y aprovecho la ocasión para juntar las gotas en un jarro, y también por allí entra un cono de sol ¡Si parecen las luces de la ciudad!

¡Claro que nada me impide en mis cuatro paredes poder ver la neblina, luego el rocío!. Los ojos absorben todo, el ruiseñor que siempre está en esa flor de ceibo a metros de otras ausencias. El zorzal, canta en mis mañanas, mientras me desperezo y mis pies están listos para ir hasta la ventana.

Del ayer al hoy, una distancia corta. Entonces vivamos.

Norma Morell

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