Carne cultivada obtenida en laboratorio

carne cultivada
Mariano Pérez Filgueira, especialista del INTA.

Los primeros experimentos para producir carne bovina cultivada, sintética o in vitro (artificial) fuera del animal, se realizaron a principios de los años 90 por la NASA, para encontrar alimentos que pudieran ser conservados durante largos períodos por los astronautas.

Las investigaciones siguieron en Holanda, en las universidades de Amsterdam y Utrecht. En 2009 la revista Time seleccionó la carne in vitro entre las ideas más extraordinarias del año. Finalmente, en 2013 se presentó en Londres la primera hamburguesa que costó 330.000 dólares, y desde entonces distintas empresas comenzaron a producir hamburguesas, filetes y salchichas con carne creada en laboratorios.

Si bien aún no se producen en la Argentina, países como Holanda, Inglaterra y Estados Unidos prevén lanzarlas al mercado para 2020.

Se trata de una tecnología que proviene de la medicina regenerativa, obteniendo una proteína que intenta asemejarse a la carne vacuna, a partir de la multiplicación de células madres del tejido muscular de la vaca, con nutrientes naturales y sin productos químicos.

Para conocer mayores detalles de esta innovadora forma de producir carne, Nuevo ABC Rural dialogó en el marco del reciente Congreso Aapresid, con Mariano Pérez Filgueira, especialista del INTA, quien se refirió a esta posible revolución alimentaria y su investigación.

20 mil fibras para una hamburguesa

“El proceso para la creación de esta carne cultivada o sintética, demanda unos tres meses. Para un kilo de carne se precisan miles de células que se cultivan fuera del animal, in vitro, y lo que se consigue es replicar la formación de fibras musculares, que luego se cosechan y procesan.

Se necesitan 20.000 fibras para producir una hamburguesa”, explicó Filgueira.

El técnico apuntó que para 2050 la demanda mundial de carne crecerá entre 150 y 200%, con mayor acento en los países en vías de desarrollo, y que en bovinos la tasa de conversión de alimento en carne es la más baja de todas las especies.

“Las células madres de los músculos de los animales -continuó- se recolectan con una simple biopsia, para luego ser ‘alimentadas y criadas’ en laboratorio. Así pueden crecer y fortalecerse para crear nuevo tejido muscular.

La tendencia innata de estas células para adherirse unas a otras, es lo que provoca el aumento de volumen y la formación de pequeños filamentos de carne, que luego se compactan para dar forma a la hamburguesa”.

Sin embargo, el especialista del INTA, informó que “la carne sintética es incolora y le falta el sabor, debido a la ausencia de grasa y sangre, por lo que uno de los desafíos es conferirle esas características”.

Desafío: mejorar su proceso y reducir su costo

Por otro lado, teniendo en cuenta que la primera hamburguesa realizada con carne in vitro costó 330.000 dólares, Filgueira destacó que hoy el desafío de la ciencia no solo es mejorar su proceso, sabor y aspecto, sino también reducir considerablemente su costo, para que pueda ser accesible para los consumidores.

“El equipo de investigadores holandeses cree que pronto podrá obtener un producto competitivo, más sabroso y mucho más barato que la hamburguesa cocida en Londres hace tres años”, indicó.

“Según los científicos, las mejoras en la tecnología y el mercado harán que el precio baje y el sabor se podrá mejorar mucho”, apuntó.

Por otro lado, el entrevistado informó que “teóricamente el impacto ambiental en términos de uso de energía, agua y tierra y generación de gases de efecto invernadero, favorece fuertemente este tipo de producción in vitro frente a la tradicional”.

De todas maneras, ¿es saludable comer carne producida en laboratorio? Los especialistas dicen que sí porque se produce a partir de células madres.

“Hoy se puede lograr casi todo, lo que no quiere decir que la gente necesariamente lo acepte”, señaló el técnico del INTA.

“En Holanda entre 15.000 encuestados, el 63%, un gran porcentaje, se volcó a favor, mientras que otro buen porcentaje, aunque menor, se manifestó en contra. Hay que ver si en el futuro podrán convivir estos dos tipos de producciones”, culminó.