Nueva utilización para la soja en la industria

Cascarilla de soja. (Foto: Conicet CCT Rosario).

Argentina ocupa el segundo lugar en el mundo en industrialización de soja, con un volumen que supera ampliamente las 206.000 toneladas elaboradas por día, detrás de China que procesa 430.000 t/día (129 Mt anuales) y aventajando a Estados Unidos –que ocupa el 3er. lugar- con 205.000 t/24h.

Estos datos surgen de un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), luego de realizar un trabajo comparando el caso argentino con el resto de los países mencionados, sumando a Brasil, que tiene una capacidad instalada de procesamiento algo mayor a 180.000 t/día.

Argentina se diferencia por la concentración geográfica de sus planta -alrededor del 80% de su capacidad de molienda se ubica en la zona del Gran Rosario- listas para despachar los productos derivados de la industrialización a distintos destinos a través de las terminales del Up-River.

Marcando estas cuestiones, surge la necesidad de expresar la importancia que el país genera para la oleaginosa, pensándolo principalmente -como se planteó al comienzo de la nota- como un cultivo fundamental para el resurgimiento de la economía de la Argentina. 

Novedosa industria del papel

Desde el Conicet, sede Rosario, se está trabajando en un proyecto de industrialización de soja, basado en la utilización de la cascarilla de la oleaginosa para la producción de papel. La cascarilla es una parte fundamental que se desperdicia en el grano luego de la elaboración del biodiesel. Con este material, según estudiaron los científicos, se podría producir papel, y además sirve para usar sus enzimas comercialmente.

“Acá se desperdicia muchísimo”, dijo Guillermo Picó, director del Instituto de Procesos Biotecnológicos y Químicos (Iprobyq) en Rosario. Se refiere a la inutilización de los residuos biológicos que se producen en la Argentina.

El científico, junto con un grupo de colegas del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) trabaja en proyectos para el aprovechamiento de los desperdicios. En este caso, se trata de un proyecto muy santafesino: utilizarlo para elaborar celulosa, materia prima del papel, y para usar sus enzimas. Con la primera utilización se evitaría la tala de árboles para la producción de la materia prima de la industria editorial. En tanto que, con la segunda, se aprovecharían estas sustancias que incrementan la velocidad de una reacción química. “Las enzimas se usan en la industria y valen muchísimo dinero. Generalmente el país no lo produce, lo importa”, comenta Picó.

Con el apoyo de los ministerios de Ciencia de la Provincia y de la Nación este trabajo comenzó hace un año y medio y tendrá una duración total de cuatro o cinco. La primera etapa, ya terminada, consistió en desarrollar el apartado de la celulosa. La segunda está dedicada a la cuestión enzimática. La encargada de este proyecto es la bioquímica Paola Camiscia, que hace su doctorado sobre esta investigación. También participan Nadia Woitovich Valetti, David Giordano, Emilia Brassesco y Bárbara Bosio.

Biorefinería

Los cambios que se vienen dando bajo el concepto de la economía circular, hacen que hoy nuestro país decida dar un salto más de la mano de la biorefinería. Este concepto, se refiere al proceso de industrialización y refinación de todos los productos de la agricultura, transformándolo en un producto químico.

Desde ahí es que la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y la Universidad de Buenos Aires (Ubatec), acordaron impulsar el desarrollo de derivados de la soja hasta alcanzar su máximo agregado de valor. “Se trata de un mercado, el petroquímico, que mueve anualmente a nivel global alrededor de u$s40.000 millones y en donde la Argentina tranquilamente puede ostentar un 10%”, señaló al sitio BAE Negocios el presidente de Ciara, Gustavo Idígoras.

En la actualidad la agroindustria local procesa soja de las cuales extrae aceite y harinas con destino a China y cuyo uso primordial es la alimentación de animales para consumo humano. La idea ahora es agregarle mucho más valor a ese producto oleaginoso a partir de un mayor proceso superior de la mano de la tecnología conocida como la biorrefinería y que en la actualidad hay pocos desarrollos en el país. (Datos: BCA y BAE Negocios).

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